Escribe: Carlos García

Transformase para transformar

Para entender por qué las personas pelean en redes sociales y en la calle por temas políticos, religiosos y sociales, es necesario comprender que cada uno nació en un lugar específico del país, un sitio donde prevalecían costumbres, normas sociales, ideologías políticas y rutinas establecidas. Además nuestra familia nos brindó un modelo educativo con valores peculiares e irrepetibles.

Con la formación anterior, cada sujeto crece creyendo tener la verdad absoluta del mundo; y el problema inicia cuando interactúa en sociedad y conoce personas con diferentes creencias y modos de actuar, entonces se apodera de él un sentimiento de “monarca juzgador” calificándolos como “los otros” o “los de enfrente” sus enemigos íntimos y seres a los que tiene la necesidad de erradicar de su campo de acción.

¿Qué lo conduce a eso?, simplemente la falta de educación, ausencia tolerancia y la incapacidad de comprensión sobre la existencia de un mundo diferente al que el concibe como “bueno” pues considera que todos deben definirse por algo, es decir; eres del américa o del chivas, de izquierda o de derecha, católico o agnóstico, machista o feminista, en fin, desea que cada uno se defina totalmente y pelee por su causa estableciendo una división entre el “yo” y el “tú”.

La violencia generada en México y en muchos países se originó con la idea arriba señalada. Ahora bien, para generar una sana convivencia requerimos de prácticas de paz, respeto y tolerancia, facilitando una interactuación donde hombres y mujeres sean libres para decidir lo que quieren hacer, ser y parecer apegándose a los marcos legales, se necesita un ser humano que no tenga que dimitir de algo para colocarse en un extremo del péndulo político o social, sino uno nuevo que tome un poco de todo lo que hay en el mundo sin tener que dimitir de nada, un nuevo ciudadano más prudente, que cumpla su palabra y revalore la amistad y la lealtad para trascender con el ejemplo, sin importa si es gobernante, funcionario o ciudadano común.

Las contiendas electorales concluyen un domingo de elecciones, los partidos de futbol con el silbatazo final del árbitro, las misas con la bendición del líder religioso y las meditaciones con un “namaste”, después hay que volver al mundo cotidiano, un lugar donde lo que más urge es paz y un sentido de solidaridad.