No hagas dieta; simplemente ten una alimentación saludable, energética y nutritiva

Popularmente, cuando hablamos de “dieta” nos referimos a seguir durante un período determinado un régimen alimenticio específico, normalmente restrictivo y normalmente con el objetivo de bajar de peso. Pero en realidad empleamos mal la palabra dieta. La definición de dieta es “la alimentación habitual de una persona” y por este motivo ha de ser parte de un estilo de vida capaz de ser llevado toda la vida.
A veces hay que seguir un plan alimenticio concreto para ayudar a sanar alguna patología concreta, como diabetes, hipertensión arterial, enfermedad celiaca, cáncer o anemia; pero si nos damos cuenta, todas las dietas propuestas para seguir durante un tratamiento, o incluso durante el embarazo, tienen algo en común, que es lo mismo. Eliminar de la dieta los alimentos procesados y refinados; azúcar, harinas, sal refinada, y productos empaquetados con conservadores, colorantes e incluso químicos. El potenciar el consumo de verduras, alimentos de origen vegetal, como las semillas, frutos secos, germinados, aguacate en cantidad moderada, los cereales integrales, las legumbres, y en caso de consumir proteína animal hacerlo de origen ecológico.
Entonces, ¿no es más lógico que en lugar de recurrir a un régimen insostenible y solo para un determinado tiempo, muchas veces dañino para la salud; simplemente cambiemos los hábitos para que los nuevos que entren tengan coherencia con lo que realmente nos conviene y se puedan quedar para siempre en nuestras rutinas?
Así que considero que es mejor integrar paulatinamente a nuestra vida y al ritmo que cada uno necesite una alimentación SEN y para esto es conveniente llevar estos pasos.
*Eliminar los alimentos refinados.
Esto incluye el azúcar blanco, moreno, los edulcorantes artificiales, la sal refinada de mesa y las harinas que no sean integrales. Cuando hablo de azúcar no me refiero solo al que muchas personas añaden al café, también a eliminar de la dieta aquellos productos a los que se les ha añadido, como salsas, refrescos, dulces convencionales y la mayoría de falsos alimentos que vienen empaquetados y listos en las estanterías de los supermercados. El alcohol y los carbohidratos refinados, como el pan blanco, ya que estos se convierten en azúcar una vez en la sangre. Si actualmente estás tomando muchos alimentos refinados y eliminando progresivamente alguno de ellos, no hace falta que lo hagas todo de golpe de un día para otro.

*Eliminar los alimentos procesados que se compran en el supermercado convencional y reducir al máximo los alimentos envasados.
Esto incluye los platos preparados listos para el microondas, las pizzas congeladas, los nuggets de pollo, los helados, las salsas con azúcares, colorantes, conservantes o grasas trans. Si compramos un alimento envasado debe contener el mínimo de ingredientes posibles, debemos poder entender y saber qué son, y ninguno debería ser azúcar. Si dudamos, mejor no consumirlo.
*Comer más verduras, y priorizar el consumo de hoja verde en crudo.
Las verduras de hoja verde en crudo, que son las grandes olvidadas en la mayoría de los platos, ayudan a prevenir y curar enfermedades, quemar grasas, eliminar toxinas y alcalinizar el organismo. Lo mejor es consumir las que sean de temporada, proximidad y preferiblemente ecológicas.
Las verduras redondas y de raíz cocinadas no hay que olvidarlas tampoco, ya que nos aportan el dulzor que necesitamos para no recurrir a dulces industriales.

*Escuchar el cuerpo, detectar sus necesidades y respetar el reloj biológico.
Esto implica comer cuando tengamos hambre y no hacerlo ni porque toca ni para saciar emociones, no cenar más tarde de las nueve, estar unas diez horas sin comer desde la cena hasta el desayuno, y seguir la regla del “menos es más”; es decir, mejor mezclar pocos alimentos en un mismo plato para digerir bien, es la clave para tener una buena salud.
*Priorizar la calidad por encima de la cantidad.
Este consejo me gusta darlo sobre todo para el consumo de alimentos de origen animal. Es mejor comer menos carne a la semana pero que sea ecológica; menos pescado, pero que no sea de piscifactoría alimentado con piensos convencionales; huevos y lácteos ecológicos antes que convencionales, porque el animal no ha sido hormonado ni medicado; legumbres cocidas en botes de cristal cocinadas con sal marina; aceites vegetales de primera presión en frío ecológicos y no refinados; frutos secos naturales en lugar de fritos y salados.
*Autoconocernos desde dentro hacia fuera.
El autoconocimiento es la clave para encontrar el bienestar, en la alimentación, nuestra salud y vida en general. Nadie mejor que nosotros mismos podrá saber qué le sienta mejor a nuestro cuerpo. Pero a veces estamos tan desconectados o en una relación tan dañina con nosotros mismos que no podemos ver quiénes somos y qué necesitamos.

Facebook: Nutrióloga Jessica López