BARCELONA.- Ataviado con pantalón oscuro, camiseta de rayas y calzado deportivo, Younes Abouyaaqoub burló el jueves todos los controles de seguridad tras matar a 13 personas y herir a más de un centenar al volante de una furgoneta en pleno centro de Barcelona.

Su aspecto, que se puede apreciar en las fotografías difundidas oficialmente por la Policía, era el de cualquier joven de su edad. El de un joven marroquí de 22 años afincado en la localidad catalana de Ripoll que jugaba al fútbol y acudía asiduamente a la mezquita.

Nada hizo sospechar a su familia que junto a otros jóvenes de su entorno preparaba desde hace meses atentados de gran alcance en España. Tras la masacre de Barcelona, su madre, consternada, pidió a su hijo públicamente que se entregara a la Policía.

“Prefiere que esté en la cárcel a que esté muerto”, explicó una prima del presunto terrorista que tradujo las palabras de su madre.

El rostro anónimo de Abouyaaqoub saltó a las páginas de los principales diarios un día después de los ataques que se saldaron con 15 muertos y más de 130 heridos en España.

En pocas horas, se convirtió en el principal sospechoso y en el hombre más buscado de España. La Policía lo describió como una persona “peligrosa” y advirtió de que podría ir armado.

Las pruebas recabadas permitieron confirmar oficialmente este lunes que fue él quien condujo en solitario la furgoneta blanca que arrolló a decenas de personas en Las Ramblas de Barcelona tras planear el atentado con otros presuntos terroristas.

Después, huyó a paso rápido por el famoso mercado de La Boquería. Llegó hasta el sur de la ciudad y allí, en un aparcamiento, abordó y apuñaló de muerte a un hombre, tomó su vehículo y emprendió la huida saltándose un control policial en la ciudad.

Su pista se había perdido hasta este lunes, cuando una ciudadana avisó a la Policía de su presencia en Subirats, a 50 kilómetros de Barcelona. Antes de ser abatido por los agentes, el joven gritó “Alá es grande”, según informaron los medios.

Según El País, Abouyaaqoub nació en 1995 en Mrirt, en el interior de Marruecos, y hasta el jueves llevaba una vida aparentemente normal en Ripoll, una localidad industrial de unos 10.000 habitantes.

Allí estudió educación secundaria y, según vecinos que le conocían, se relacionaba sobre todo con jóvenes también de origen marroquí.

En Marruecos, sus abuelos no podían creer que su nieto fuera un terrorista y pidieron perdón por lo ocurrido. “Una cosa es segura: mi nieto no terminó sus estudios aquí. Estudió en España”, dijo al rotativo el abuelo, Aqbouch Abouyaaqoub.

La última vez que vieron a su nieto, el pasado marzo, éste llegó a Mrirt en moto. Como cualquier joven de 22 años.