Charles Maurice de Talleyrand nació dentro de una familia aristocrática francesa en 1754, sus biógrafos lo describen como un hombre de rostro indescifrable y con dificultades para caminar pues tenía una pierna más corta que la otra, razón que le impidió hacer la carrera militar que añoraba, sin embargo, ingresó al servicio religioso y alcanzó el grado de Obispo de Autun, ya empoderado, operó políticamente para ser Presidente de la Asamblea General Constituyente en la época de los Estados Generales de Versalles en 1789.

Su inteligencia y extrema prudencia le permitieron trazar su sendero del éxito político, era hábil para hacer prospectiva, por lo tanto, prestidigitaba para sí mismo los cambios de poder que venían; así fue como permaneció dentro de la élite aristocrática gala, sobrevivió a la convención, la era del terror de Robespierre, el directorio y el imperio napoleónico, cabe destacar que tras enterarse de la derrota de Napoleón en Waterloo en 1815, de manera urgente y en su calidad de embajador se entrevistó con su acérrimo enemigo el aun Ministro del Interior Joseph Fouché para salvar sus posiciones mediante su adhesión al Rey Luis XVIII, el borbón que sería el próximo monarca francés, cuenta Jean-Claude Brisville en su libro “La Cena” que Fouché cerró aquella negociación diciendo, “usted necesita mi fuerza” y sin quedarse atrás Talleyrand respondió, “y usted mi cabeza” refiriéndose a la astucia de pensar.

Por otra parte, la elección presidencial de México solo tiene dos opciones ganadoras, una la encabeza Andrés Manuel López Obrador, la otra, Ricardo Anaya Cortés, más allá del resultado final y de los medios que utilicen para triunfar, en el Partido Revolucionario Institucional saben que ya no tienen esperanzas de sostener la titularidad del poder ejecutivo federal, ahora su estrategia se basa en obtener el mayor número de escaños en las cámaras de diputados y de senadores, saben que esa es la moneda de cambio que opera en el terreno de las negociaciones, pues han comprendido que a estas alturas ni sustituyendo a José Antonio Meade lograrían reposicionarse en el hándicap político.

Ahora bien, la democracia mexicana tiene sus formas, estilos, fondos y trasfondos, unos a telón abierto y otros entretelones, ahí donde los teloneros de la vieja escuela deciden el momento en que se cierra la cortina, también llamada fidelidad al presidente en funciones, siendo así, ya se alistan para dialogar con uno de los dos aspirantes más fuertes a la presidencia de la república, en la bolsa de su saco llevan los ases de información para negociarlos en la mesa a cambio de algunos privilegios, para ello, el candidato deberá aplicar perfectamente la teoría de juegos de Nash para valorar lo que se gana y lo que se pierde.

En los próximos días los teloneros se presentarán con el candidato, puedo imaginar la escena, seguro estoy que será similar a la descrita por Francois-René de Chateaubriand en su libro “Memorias de ultratumba”, al ver caminar con dificultad a Talleyrand sostenido del brazo de Fouché, tras negociar con Luis XVIII, “Ahí viene el vicio apoyado del crimen”.