María Esther Beltrán Martínez

Málaga, España.- La Colección del Museo Ruso de San Petersburgo Málaga presenta la exposición titulada La mirada viajera . Artistas rusos alrededor del mundo, que cuenta con 105 obras en las que se muestran el trabajo de artistas rusos que realizaron bajo la inspiración de sus viajes.
Por medio de esta exposición podemos observar la impresión que causaron los lugares que visitaron los artistas rusos. En una época que nada tiene que ver con la nuestra. Los tiempos eran distintos y la forma de conservar las imágenes era distinta. Por lo que esta muestra pictórica enseña una vida distinta a los viajes que podamos realizar a los mismos sitios que visitaron estos rusos.

José María Luna Aguilar, director de la Agencia Pública para la Gestión de la Casa Natal Pablo Ruiz Picasso, expresa que “Los artistas rusos, situados como los españoles en un extremo de Europa, tuvieron su propia versión del Grand Tour. Enfocados también, como lo europeos del norte, hacia Italia y un Mediterráneo para ellos exótico y ajeno, destellante de luz y sensualidad, tuvieron también un acceso más natural a los países asiáticos que les otorga un marchamos de mayor exotismo frente a sus homólogos europeos. En cualquier caso, fuese a oriente o a occidente, el viaje los transformó como hace siempre con los temperamentos estéticos. El retorno de la primera generación de artistas viajeros abrió en el rígido armazón academicista las primera grietas por las que se colaron los aires de libertad e inspiración que darían lugar a la época gloriosa del arte ruso”.
Sobre la exposición Evgenia Petrova, curadora de la exposición expresa que el viaje refresca, agudiza y enriquece la percepción del mundo, despierta ideas y sentimientos latentes y da luz a otros nuevos. El viaje puede encender la llamada creatividad incluso en los lugares menos proclives a ello.
“Este es el caso, en no poca medida, de los artistas rusos, sobre todo si tenemos en cuenta la estricta disciplina académica a la que estuvieron sometidos hasta e pasado el siglo XVIII. Los estudiantes de arte tenían que limitarse a un cierto conjunto de temas históricos mitológicos y bíblicos. El principal punto de referencia para ellos no era tanto la naturaleza como las muestras del arte antiguo y del Renacimiento, las imágenes de esculturas clásicas, arquitectura y paisajes recogidas en un puñado de libros. También los trabajos de decoración de las numerosas iglesias y catedrales construidas en la época tuvieron que llevar a cabo conforme a estrictas regulaciones tanto de la iglesia como de la academia de las artes. Sólo a mediados del siglo XIX cambió la situación para los artistas, que se encuentran en relativa libertad de elegir sus motivos y su lenguaje artístico, y pudieron marchar a otros países”.
Agrega que no es extraño que las mejores obras de los clásicos del arte ruso de este periódo -Karl Briulov, Silvester Schedrin, Aleksandr Ivánov, entre otros- fueran ejecutadas en Italia. El temperamento meridional, e interés por la vida, la admiración por la Luna y el Sol que cambian los colores de la Naturaleza se manifiestan en toda su plenitud en cada una de sus obras. La mirada fresca de estos forasteros sobre los países que visitan les permite a menudo, capturar peculiaridades de personajes y comportamientos que escapan al observador local.
“Desde la segunda mitad del siglo XIX los artistas rusos se sintieron en Rusia mucho más libres que antes. Sin embargo en las obras de muchos de ellos se mantiene el entusiasmo por lo que se vio en los viajes, ya sean sólo unas violetas entre hojas verdes en un carro, como sucede con Joseph Krachkovsky (“violetas de Niza”, 1902), París y los parisinos en Clement Redko (1920), El Cairo con su distintivo aire oriental en Konstantin Makovsky (“Traslado de una alfombra Santa en el Cairo”, 1876) o los Estados Unidos en Alexander Deineka (mediados de 1930) con Rascacielos, hermosas avenidas y automóviles.
Italia, Francia, Egipto, Palestina, Japón, China, Marruecos y Estados Unidos… es difícil encontrar un país que no visitan los artistas rusos una vez abierta las puertas. En esta exposición, a partir de los fondos del Museo Ruso, se encuentra una cuidada selección de trabajos”.