El fin de semana visité con mi familia el pueblo mágico de Comala en el estado de Colima, sitio donde Juan Rulfo desarrollara la trama principal de su novela “Pedro Paramo” en 1955.

La obra literaria nos describe las emociones y sentimientos de Juan Preciado, hijo de Pedro Paramo, quien, tras la muerte de Dolores, su madre, viaja a Comala para exigirle a su padre, lo que por ley le correspondía y jamás recibió, sin embargo, en aquel pueblo casi abandonado de casitas blancas y techos de teja roja, solo descubre una trama de delitos cometidos por su progenitor para apropiarse de la Hacienda “La Media Luna” y de casi todo el pueblo de Comala.

Para José Antonio Meade, parece que hoy todo México es el Comala de Pedro Paramo, y como el Juan Preciado de Rulfo, anda en busca de su padre, quien lo hiciera candidato presidencial y ahora reclama de éste su apoyo, sin embargo, parece que no hay voz que responda.

Al paso que va la campaña de José Antonio Meade, todo indica que se quedará con poco menos del 18% de la votación total emitida a su favor, cifra muy por debajo del 38% obtenido por Enrique Peña Nieto en la elección presidencial de 2012; así como del 22% que obtuvo Roberto Madrazo Pintado en el 2006 y del 36% que alcanzó Francisco Labastida Ochoa en el 2000.

La ruta de la desgracia de José Antonio Meade inició cuando se presentó como el candidato externo del PRI, figura política moderna que solo sirvió para alejar a las estructuras, sectores tradicionales y colateralmente, al “voto duro”.

Por su parte, el equipo de campaña de Meade, creyendo que estaban en el México de los 50´s, decidieron de un día para otro quitarle el traje obscuro y la corbata roja para montarlo en un disfraz de indígena, así fue como lo encaramaron en las sierras de Chiapas y Oaxaca, para celebrar eventos con las comunidades indígenas. Grotesca imagen que alejó al candidato de toda posibilidad de consolidarse como una marca política creíble.

Acto seguido, y careciendo de lógica y razón, sus asesores le estructuraron un discurso para criticar la corrupción, olvidando que, del instituto político que lo postuló, se han graduado verdaderos maestros del arte del peculado, lavado de dinero y desvió de recursos, algo así como escuchar a Hitler o Stalin hablando de crueldad.

Posteriormente, el mismo consejo de sabios, conociendo que Meade se encontraba en la tercera posición de las encuestas, se les ocurrió llevarlo a encarar a Andrés Manuel López Obrador, quien se ubicaba en primer lugar, olvidando así que la mejor estrategia consistía en dirigir los cañones de ataque contra Ricardo Anaya Cortés, quien para entonces, se ubicaba en la segunda posición.

Finalmente, y para terminar con el sueño de ganar la presidencia de México, intempestivamente la cúpula del poder priista, instruyó la toma de protesta de René Juárez Cisneros como dirigente nacional del PRI. Quien más que sumar a las estructuras perdidas, terminó por desestimarlas al conformar un equipo de políticos de la vieja escuela, hombres que aun creen que con discursos arcaicos y gritos de guerra se puede ganar la batalla electoral.

A pocos días de terminar la campaña, José Antonio Meade aparece cansado en sus eventos, voltea a su lado y descubre que al igual que Juan Preciado hace proselitismo en un Comala de gente muerta; los órganos directivos nacional, estatales y municipales, parecen guiarlo a un pueblo fantasma, tal como Abundio Martínez guio a Juan Preciado al poblado de su padre. De igual forma, las modulares y seccionales del PRI, salen a su encuentro actuando como Eduviges, lo reciben en sus casas pero sin recibirlo; y al mismo tiempo, el hombre que lo hizo candidato ahora es Pedro Paramo, personaje de mayor poder en Comala, quien lo abandona mientras espera el 1 de diciembre para participar de la transición, misma que lo hizo presidente de México hace seis años.

Twitter: @karloskgv