Carlos-García. LIBROPOLITICA

Todo presidente electo de México ha deseado llegar a su toma de protesta con el mayor bono democrático posible. En el caso de Andrés Manuel López Obrador, la buena fortuna se encuentra de su lado, ya que según la casa encuestadora Enkoll, hasta el día de ayer, contaba con la aprobación del 75.2% de la población mexicana.

Algunos podrán preguntarse: “¿qué es el bono democrático y para qué sirve?”, siendo así, comenzamos por definir al bono democrático como la aprobación ciudadana a las acciones del gobernante evaluado (en este caso es gobernante electo); así mismo, sirve para implementar planes y programas de gobierno con la menor resistencia posible del pueblo y de los actores de poder.

Cabe destacar que el índice de preferencia electoral del futuro mandatario mexicano sigue siendo alto, pues hasta hoy, Enkoll señala que del 100% de los electores que votaron por él en la pasada contienda electoral, el 93.6% volvería a darle el sufragio.

Ahora bien, el reto de Andrés Manuel consistirá en responder a dicha confianza ciudadana gobernando eficientemente; por lo tanto, deberá acompañarse de un trabajo técnico y político del Congreso de la Unión (Cámara de Diputados y Cámara de Senadores), la técnica será de utilidad a la hora de reformar las leyes, pues la sintaxis legislativa deberá facilitar la interpretación del marco regulatorio mexicano, mientras que lo político o el cabildeo, evitará sobresaltos de la oposición y de los grupos de poder presentes en el país.

En este sentido, el próximo presidente de México, también necesitará de acciones articuladas entre los titulares de sus dependencias para abatir la pobreza, erradicar la corrupción en todos los niveles de gobierno y reestablecer la paz en territorio nacional, lo anterior, sin descuidar el trato político con los gobernantes locales.

Todas las tareas descritas requerirán del suministro oportuno de recursos materiales y financieros; los primeros, deberán ser cubiertos oportunamente por la Oficialía Mayor Única de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, área que se creará exclusivamente para ejecutar las compras consolidadas de todo el gobierno federal (a partir del 1 de diciembre ninguna secretaría de estado tendrá facultades de compra, excepto SEDENA y SEMAR), mientras que los recursos financieros deberán suministrarse oportunamente por el titular de secretaría aquí señalada.

Por último, quien encabece la Oficina de la Presidencia, será corresponsable directo para mantener el bono democrático, ya que será quien coordine las 32 Delegaciones de Programas para el Desarrollo, opere la estrategia de gobierno digital y conduzca la delicada tarea de comunicación social (no necesitamos el clásico vocero foxista diciendo: “lo que el presidente quiso decir”, sino un vocero que comunique lo que el Presidente dijo).

El bono democrático de Andrés Manuel no es producto de la buena fortuna, sino más bien, se debe al recorrido que por más de 12 años hizo y sigue haciendo por todo el país, espacios donde celebra maratónicas asambleas públicas para comunicar en lenguaje ciudadano su proyecto de nación, sin descuidar la delicada tarea de crear un vínculo de proximidad social. Haciendo un paralelismo con la historia francesa del siglo XIX, citaré lo dicho por Napoleón Bonaparte al momento de coronarse en la Catedral de Notre Dame en París, pues según su biografía titulada: “Memorias de Napoleón”, expresó: “yo no arrebaté la corona del imperio francés, yo solo recogí del suelo la corona de un reino abandonado por sus gobernantes a orillas del Río Sena”.

Twitter: @carloskgv