Carlos-García. LIBROPOLITICA

La controversia mediática por la cancelación de la construcción del aeropuerto de Texcoco apenas comienza, el resultado de la consulta ciudadana que concluyó el pasado domingo ya es vinculante; ello implica, liquidar a las empresas constructoras o subsanar el daño otorgando nuevos contratos en la próxima administración federal, ya que el Presidente Electo Andrés Manuel López Obrador, tiene programado desarrollar dos pistas en la Base Militar de Santa Lucía, así como la habilitación del Aeropuerto Internacional de Toluca, obras que permitirán la continuidad operativa del Aeropuerto Internacional Benito Juárez de la Ciudad de México.

Esta es la primera señal del cambio anunciado por Andrés Manuel, prueba de ello, en su conferencia del pasado lunes donde abordó dicho tema, se dirigió a los empresarios, específicamente, a los que ya se frotaban las manos esperando hacer negocio con la compra de terrenos a bajo precio que, desde hace varios años, habían comprado hasta en veinte pesos el m2 esperando la elevación de la plusvalía para obtener mayores rentas una vez terminada la obra monumental de Texcoco, a ellos, les dijo y preguntó: “todos tenemos que cambiar, se acabó la corrupción, se acabó el influyentismo… les guste o no les guste… ¿Quién manda?, ¿no es el pueblo?.

Una vez que terminó la conferencia de López Obrador, los cándidos empresarios que tenían intereses en Texcoco, mandaron a sus representantes de las cámaras empresariales para advertir que los mercados internacionales perderían la confianza en México en caso de seguir adelante con la cancelación del proyecto; los beneficiarios del gobierno de Peña parece que todavía no dimensionan que estamos frente al Cambio de Régimen; por lo tanto, este tipo de amenazas pueden revertirse en su contra.

La reacción de Andrés Manuel no se hizo esperar, por lo que el pasado martes grabó un video, en el cual, una vez más se dirigió a los aludidos: “ojalá se vayan adaptando a la nueva realidad… no vamos a cometer ninguna injusticia… serénense… ya se llevó a cabo un cambio en el país, hay que notificarles a algunos, hay que informarles… yo no voy a ser florero, no estoy de adorno, yo traigo un mandato de los mexicanos… me canso ganso vamos a acabar con la corrupción”.

Lo relevante del video del Presidente Electo fueron alguno elementos simbólicos en la escenografía, ya que a su derecha tenía apilados cinco libros, destacando en la parte alta: “¿Quién manda aquí?” de Felipe Gonzáles, Gerson Damiani y José Fernández-Albertos, un ensayo que analiza la crisis global de la democracia representativa ocasionada por la corrupción de sus representantes. Así también, en la mesa de atrás, se ubicaba un discreto retrato del Presidente Lázaro Cárdenas, pero, ¿por qué un Cárdenas custodiaba a López Obrador?, revisemos lo siguiente:
En 1936 se desató una crisis entre gobierno y empresarios, específicamente los de Nuevo León, quienes, resistiéndose al cambio del Presidente Lázaro Cárdenas, se resistían a reconocer los derechos gremiales de la clase trabajadora, así como a darles un salario digno y pagos adicionales por riesgos de trabajo, especialmente a quienes laboraban en la fundidora y en la vidriera.

Los hombres del dinero regiomontano, jugándole al poderoso, desacataron los laudos de la autoridad laboral, así mismo, amenazaron con llevarse sus empresas fuera del país; la tensión creció a tal grado que provocó el enojo de Cárdenas, éste, fastidiado por el reto que imponían al Estado Mexicano, emitió un decreto que incluía 14 puntos al que debían ajustarse los empresarios rebeldes, de los cuales, uno fue el que los hizo entrar en razón: “Los empresarios que se sientan fatigados por la lucha social pueden entregar sus industrias a los obreros o al gobierno para poner fin al conflicto”, entonces los empresarios regiomontanos inmediatamente respondieron con un desplegado: “Señor Presidente, la clase empresarial de Nuevo León está dispuesta a colaborar con el gobierno y mejorar las condiciones de las clases proletarias… cumpliremos las leyes vigentes con mayor escrúpulo…” y así, terminó aquella historia, se dieron cuenta que el General Lázaro Cárdenas tampoco era un florero o un simple adorno.

Twitter: @carloskgv