martes, octubre 4, 2022
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    Mi aventura con los libros

    Es curioso, pero de pronto reparé que mis lentes se han dañado, se han rendido a las múltiples ocasiones en que me he quedado dormida sobre ellos, esforzándome por no perder el hábito de leer un rato por la noche. Ese placer que me parece insustituible a pesar de que la televisión y el celular, hacen todo lo posible por sacarlo de mi habitación. 

    Fue justo en mi adolescencia que encontré entre los estantes de mi casa un libro de Luousa May Alcott, llamado Mujercitas. Una novela ubicada en la mitad del siglo XIX, muy tierna, que narra la historia de la familia March, integrada por un matrimonio con 4 hijas, Meg, Jo, Bet y Amy. Su principal personaje era Jo. Soñaba con ser una escritora exitosa, algo fuera de lo común para su época. Pero Jo tenía un espíritu rebelde, y se negó a seguir con las tradiciones familiares. Ambicionaba emigrar de su pueblo natal a la gran ciudad y luchar por convertir su sueño realidad. 

    A mi corta edad empecé a identificarme con ella. Su inconformismo me inspiró a buscar un mundo diferente al que tenía a mi alrededor; lejos quedó el pueblo en que nací y mi vida tomó un rumbo muy distinto al que originalmente pudo haber tenido. Despertó en mí el deseo de superación, de búsqueda de horizontes más altos, de un mundo que imaginaba a través de mis libros y que poco a poco fue tomando sentido. Y eso que hay quien asegura que leer no sirve de nada. 

    El año pasado leí 13 libros, en un seminario de crecimiento personal. Entre otros, Los Cuatro Acuerdos, del doctor Miguel Ruiz; Cómo Ganar Amigos e influir sobre las personas, de Dale Carnegie; Serás lo que quieras ser, de Robert H. Schuller; Tus zonas erróneas, de Wayne Dyer, Usted puede sanar su vida, de Louise L. Hay; Los hombres son de Marte, las Mujeres de Venus, de John Gray; El hombre más rico de Babilonia, de George S. Clason; Padre Rico, Padre Pobre de Robert Kiyosaky, Desarrolle el líder que está en usted y las 21 leyes irrefutables del liderazgo, ambos de John C Maxwell. Enriquecedor de verdad por las diferentes áreas que se abordaron. 

    El mes pasado terminé de leer El Extranjero, de Albert Camus, en este momento estoy leyendo El Valor de lo Femenino, de Marianne Williamson, y tengo en mi lista de espera varios más. 

    Cada libro es único y hay que leerlo de forma diferente. Acercarnos a él, con apertura para encontrar nuestra propia interpretación de lo que el autor quiere expresar. Más allá de lo que se espera, tenemos la oportunidad de descubrir un mundo que nos permite visualizar desde otro ángulo la propia realidad. Muchos de ellos nos llevan al cuestionamiento y a la reflexión, al crecimiento personal. 

    Cada libro tiene algo que decir, por tanto, hay que estar dispuesto a escuchar y aquí está la clave. Que tanto estamos dispuestos a darnos el tiempo y el espacio apropiado para tener la receptividad necesaria. El recogimiento y el silencio que se hacen indispensables para poder comprender lo que se lee.  

    Por tanto, se hace necesario aprender a estar con nosotros mismos, lejos del barullo de la sociedad, en un lugar donde no haya ruidos que nos distraigan, ni celulares que nos interrumpan, para introducirnos en la trama, para ser parte de lo que estamos leyendo y acompañar a los personajes en su historia, caminar con ellos y compartir el cúmulo de emociones que transmiten en sus vivencias, sin dejar de mencionar el sorprendernos con las descripciones detalladas que exaltan nuestra imaginación. 

     Al separarnos de todo para introducirnos en un mundo que muchas veces cuestiona y sustenta puntos de vista diferentes a los nuestros, nos damos la oportunidad de conocer costumbres y tradiciones de culturas tan distintas que enriquecen nuestras relaciones humanas, reconociendo el derecho a la diversidad de pensamiento. Aprendemos a valorar el esfuerzo de otros y nos motivan sus éxitos, pero también reconocemos sus errores, lo que nos permite visualizar nuestras propias capacidades. 

    “La lectura de un buen libro, es un diálogo incesante, en el que el libro habla, y el alma contesta”, dice André Maurois. Así que antes de elegir un libro, hay que saber para que se lee. Definir nuestros intereses y el momento emocional por el que atravesamos. Es como reflexionar a cuál de nuestras amigas nos gustaría escuchar o si preferimos introducirnos en nuestras propias vivencias para llevar luz a aquello que nos impide crecer. 

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