lunes, octubre 3, 2022
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    Viento catabático

    José Guadalupe Rocha Esparza

    San Sebastián iba por el camino de la aldea. En el prado los niños querían elevar sus papalotes o papagayos, pero no había viento, y los artilugios ligeros no podían remontar el vuelo. Los pequeños se entristecían. El fraile humilde no soportaba ver que un niño estuviera triste. Hizo un movimiento con su mano y un viento catabático descendió a sotavento de la montaña.

    Felices le entregaron sus cometas, y el aire se las llevó para jugar con ellas en la altura. Por desgracia no fue eso lo único que hizo el viento. También le tumbó al Alcalde su sombrero de copa nuevo, que cayó en el río y desapareció. Le alzó las faldas a la molinera, con lo que todos vieron que era zamba. Tumbó ramas; movió techos y tinacos; afectó energía eléctrica.

    La ropa que las mujeres habían puesto a secar en los tendederos fue a dar al suelo y se llenó de lodo. Mientras los niños jugaban felices con sus culebrinas, piscuchas, barriletes, volantines o pandorgas, la gente le reclamó a Sebastián con enojo: “¡Tú y tus milagros!”. El fraile se entristeció. Pensó, sumiso y resignado: “Es imposible quedar bien con todo el mundo”.

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