La guerra comercial desatada por Estados Unidos sobre el acero y el aluminio puede salirle caro no solo a la economía EE.UU, sino también a la mexicana.

Con las restricciones a la importación vía incremento de los aranceles del acero procedente de China, Canadá y México, el mayor importador de del mundo de este metal (más de 34.6 millones de toneladas en el año 2017) estaría renunciando a más del 25% de unas necesidades actuales que han crecido más del 130% desde el 2009. Las cifras hablan por sí solas.

La producción nacional americana es insuficiente para satisfacer sus requerimientos generando un déficit de más de 24.5 millones de toneladas de acero necesarias para que la industria norteamericana siga funcionando. El acero mexicano supone el 9% de todas las importaciones de Estados Unidos, siendo el principal destino de las exportaciones del país puesto que un 65% de la producción total mexicana tiene por destino final el país vecino.

La renegociación del conocido como TLCAN 2.0, las nuevas tasas impositivas impuestas por el equipo del gobierno Trump al acero procedente de varios de sus socios comerciales (incluido México) y las posibles cuotas a la importación de vehículos de origen mexicano afectarán directamente al tejido empresarial y social del país, de una forma aún no definida claramente sobre el papel.

Alberto del Couz