El más reciente conciliábulo de los amos del PRI tamaulipeco, decidieron apoyar a César García Coronado para presidente del CDE del tricolor. En lo que parece otro tiro en el pié a ese partido, Egidio Torre Cantú y lo que queda del priismo regional ante el desgaste del aun dirigente Sergio Guajardo Maldonado, optaron por reciclar a uno de los miembros más conspicuos de la enlodada clase política de la comarca.
Egidio no busca, la reconstrucción del PRI.
Intenta, comprar impunidad.
Y para ello, insiste en seguir entregando al institucional para que la administración estatal lo utilice como una franquicia amistosa más y articular proyectos que consoliden al panismo en Tamaulipas.
García Coronado, es el cachorro del priismo pervertido que durante más de 24 años saqueó el estado y con sus conductas pudrieron la mayoría de las instituciones gubernamentales. De hecho, el aspirante al conducir al tricolor, mucho tiene que explicar de los turbios manejos del ex gobernador Eugenio Hernández Flores.
¿Tiene potencial César para ser el sucesor de Guajardo Maldonado?..
No parece que pueda con el paquete.
García Coronado, es un personaje que se ha movido entre hacer mandados y llevar moches a sus jefes. Desde su juventud, se caracterizó por ser un excelente auxiliar; pero hasta ahí.
Nunca se le vio, ni actitud ni virtud de liderazgo.
Su paso por las oficinas como parte del personal le hicieron una personalidad adaptada a la burocracia y a las tareas tan medianas como sus cargos. Nunca tuvo tareas de responsabilidad partidista o trabajos en donde se requerían inteligencia y talento.
Su actitud eficaz para llevar y traer mensajes, le valieron varios ascensos.
Hoy está ante la gran responsabilidad política de su vida.
La cual no es precisamente, sacar de su letargo catatónico al PRI. Nada de eso. Cosa tal, se da por descontada. El gran reto del gris burócrata es entregar los últimos cargos de autoridad que tiene su partido al PAN, sin que el priismo se lo eche en cara.
Egidio opera desde Nuevo León, la abyecta entrega del tricolor al gobierno estatal. Pretende, dar el puntillazo final al partido y sus cúpulas que según el Presidente Felipe Calderón “mataron a su hermano”.
Carambola de dos bandas: compra impunidad y a la vez, ultima a una agrupación que en los últimos 18 años operó como delincuencia política.
La liquidación de Oscar Almaraz Smer, aceleró el arribo de García Coronado. Con Almaraz en la alcaldía, se pensó continuar con Guajardo Maldonado la frente del PRI hasta después del 2019. Este escenario, permitiría mantener con vida –y sobre todo abría la posibilidad de trasferir financiamiento del Ayuntamiento al partido- al reelecto alcalde en busca de la gubernatura.
Los resultados, imprimieron un viraje a los planes.
El peso de la opinión de Egidio, aumentó ante el derrumbe de Almaraz.
El ex gobernador, está solo y su alma manejando al PRI.
Él –y sólo él-, decide quién llega y quien se va del tricolor tamaulipeco.
¿Cuántos diputados locales, podrá entregar el nuevo liderazgo priista a su militantes el 2019?..
No muchos.
Una proyección optimista hace pensar que el PRI de César García, podría obtener cero diputados de mayoría y algunos 3 o 4 plurinominales.
No más.
Recordemos lo que dice el gobernador en Las Veredas de Dante:
-Espero que mi doctor, esté feliz en el cielo…-