Un verdadero dolor de muelas para la sociedad pensante es la caravana de migrantes… y en el análisis siempre nos atoramos. Para qué las fronteras si no las respetamos y menos la legislación interna de los países.

Para qué los derechos humanos, que nacen, del necesario control y amarre de manos al autoritarismo de los poderosos con los débiles, que tratan todavía a sus “inferiores”, literalmente como animales de producción, como reses, como perros, como gatos.

Los derechos son legislación internacional, pero en lo que vivimos en México, por encima de lo que ya cita la Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano francesa de 1789, es una barbarie, es la voz de la muchedumbre y la manipulación de los mismos de arriba, con los menesterosos intelectuales y sociales de abajo.

Los derechos explican que sin distinción de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política, origen nacional, social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición deben ser respetados.

Entonces para qué rayos los derechos de las naciones, para qué diablos las constituciones de los países, quienes deben proveer en primer término orden interno para sus ciudadanos.

Tengo muchos amigos abogados, pero me gustaría que den su opinión los juristas de la talla de Rafael González o Alejandro Etienne, ambos ex titulares del STJT, además del magistrado Horacio Ortiz Renán, presidente del Supremo Tribunal de Justicia.

En qué han fallado países endebles como México y en qué tiene o no razón Donald Trump cuando expresa que las agresiones serán repelidas con fuerza superior. La caravana podría, evidentemente, pasar por Tamaulipas y sería interesante una declaración jurídica. Y que esa declaración sea en lo posible, desprovista del filtro político o de lo políticamente correcto.

Posición distinta la de los alcaldes, pues si bien juraron hacer respetan la constitución federal y estatal, más los ordenamientos municipales, ellos son el eslabon más débil.

La presión social y la de los organismos transnochados de los derechos humanos, la mayoría de mal comprendida “izquierda”, van por la atención de los derechos humanos de los migrantes.

Preparan albergues, alimentos, medicinas, atención y diversión para los más vulnerables, los niños que son cargados a la fuerza por sus padres. Pero, y los auspiciadores. ¿Quiénes son? ¿Cuáles son las motivaciones?

Más allá de la certeza de que sus países son un “proclamado infierno”. Quiénes les mueven, quiénes les coordinan en el tránsito, cuáles iglesias pro derechistas están involucradas y sobre todo, qué “jabón les patrocina”.

¿Dónde van a parar? ¿México tendrá las agallas para cerrar la frontera para dar gusto a los Estados Unidos? O simplemente muchos se van a pulverizar en la frontera mexicana y encontrarán cobijo entre los suyos que ya radican mimetizados desde hace décadas.

Y lo más grave. ¿Cuántos en la necesidad se convertirán en delincuentes forzados para alimentar a sus familias?

Vaya torito. Y por eso, la pregunta. A ver magistrados, qué debe prevalecer o de qué manera ajustar la realidad a un equilibrio que nos convenga a todos.

¿Dejarlos pasar es solamente llevarlos a la muerte americana?

Y claro que tiene razón Donald Trump. Aquí sus últimas palabras: “Lo que hicieron (a los soldados en México) es una vergüenza. Los lastimaron con piedras, algunos de seriedad, y les tiraron piedras a la cara. Si hacen eso con nosotros, van a ser arrestados, y procesados. No dije que les disparen, no dije que les disparen, pero si ellos hacen eso con nosotros, van a ser arrestados por mucho tiempo”.

Pero bueno, para esta fecha Peña seguirá metido en un hoyo. Chiquito como su cerebro.

18 pendientes…

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