Me preguntan muchos si efectivamente el PRI está muerto. La respuesta es simple, los dinosaurios se extinguieron hace 65 millones de años y a decir de científicos, si se extrae ADN localizado en la sangre de mosquitos capturada en ambar, los lagartos terribles pueden volver a la vida.

¿Ficción? El efecto del café del Vics del 8 Carrera, no lo sé, pero sostengo que dar por muerto a tan tremendo animal de animales es un error de soberbia, chairés, naqués y buenos deseos.

Y no porque yo quiera ver su renacimiento, si no porque la academia obliga. El método científico nos lleva a establecer hipótesis y futurismos. El PRI con otros colores, con otro nombre puede volver a la vida y sin santos óleos. Sí.

El PRI es el abuelo de todos, es parte de la genética nacional y como “cita paráfrasis” el Himno Nacional, en cada hombre que hace política hay un soldado priísta. Recordemos además que el PRI no es la primera vez que muta.

De finales de 1928 al arranque del 4 de marzo de 1929 nace como Partido Nacional Revolucionario y en la historia oficial, Plutarco Elías Calles da término a la pugna entre los generales emanados de la Revolución Mexicana.

Como tal duró hasta 1938, menos de una década cuando surge el Partido de la Revolución Mexicana de la mano de Lázaro Cárdenas, entre otros, de la inteligencia del tamaulipeco Emilio Portes Gil.

Luego vamos a un tercer momento, el de hacer de la organización de izquierda revolucionaria a un Partido Revolucionario Institucional en 1946 en la transición de los gobiernos de Manuel Ávila Camacho a Miguel Alemán Valdez.

Y de esta fecha hasta el 2018, cuando, luego de transitar entre la institucionalidad, la sumisión, el alta burocracia, el ratón organizado, la corrupción extrema y el cinismo gubernamental el poder central fue derrotado. Primero en 2000, ratificado en favor del PAN en 2006, para luego recuperar el espacio en 2012, solo para desbarrar en una penosa implosión.

¿El recorrido es brevísimo, como para pensar que igual que en el 2000 el PRI estaba muerto? Se equivocaron los enterradores y en lo que venga, vamos a estar 18 pendientes, para saber, si la teoría del suicidio es aplicable.

1.- Si una vez borrado del mapa de las decisiones, el actual Presidente de México Enrique Peña Nieto deja de ser un estorbo y dinamitero de este partido que por institucionales no saben como zafarse del arrodillamiento programado desde Los Pinos.

Aun así, veremos si aplica lo dicho por Napoleón quien sostenía que “el triunfo no está en vencer siempre sino en nunca desanimarse”.

Vamos a ver de que están hechos los priístas que por ahora, ya aceptaron en la élite que cambiar de nombre y colores es un buen tiempo para ser analizado como tema central.

Eso sí, como institucionales que son, se tragan todo el veneno y se aguantan el decir que Peña tiene gran culpa y por eso es que el PRI, en la élite, es religión donde su ícono mayor hiberna herido.

18 pendientes…

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