El debate equis…

J. Eleazar de Ávila…

Si usted como yo, no está registrado en los Panamá Papers y menos en los Paradise Papers, no se estrese, ellos igual, diría mi padre, todos se van a morir de viejos.

Tranquilos si bien el dinero da confort ilimitado, no necesariamente los bienes materiales dan la felicidad. Lo expreso con la certeza de ver, por ejemplo, el rostro cada vez más decrépito del Presidente de México.

La decadencia física de Enrique Peña Nieto, al margen de las mil enfermedades que le endilgan es evidente e igual, como en los cuentos de hadas, la factura que ha pagado

en el ejercicio del poder tiene muchos ceros a la derecha, en términos de calidad de vida.

Se los advirtió Jose Alfredo, si tuvieran con qué comprarían otros dos corazones, pero no se puede y en el análisis, seguimos esperando poder comprender el por qué de la “incomunicación política” del mandatario.

Le hemos cantado aquí sus fanfarrias sobre las reformas políticas, económicas, que sin dudarlo son históricas. Y sin embargo, pocas le lucen. La mala operación en las relacionadas con los enérgéticos, son la prueba de que Peña no ha sabido comunicar y lo que es peor, no cambia, operarios ni estrategia.

El presidente tiene casi dos años en una caída que llegó a estar a un dígito y tras 24 meses, solamente puede haber un culpable, él. Aquí hemos volteado a Osorio de pies y

llegamos finalmente a esta conclusión. “El Chino” es una extensión gangrenada que nunca quiso amputarse.

Otros dirán, ya para qué. Y aun cuando Don Miguel Ángel tiene una patita moviendo en su pretensión de ser candidato y luego Presidente, cada día que pasa, sus extremidades se atrofian, y no obstante, deben andar el siguiente camino.

Salvar a quien resulte candidato, para salvarse a sí mismo, pues el “Pepe Grillo” que aun anida en el hidalguense es que, de ganar Andrés Manuel López Obrador, todo se lo va llevar “El Carajo” y Osorio encabeza la lista.

De ganar El Peje, necesitará validar con urgencia su mandato y el de Gobernación tendrá que salir huyendo de México, pues sus ojos se le pondrán cuadrados. A menos que traicione otra vez.