José Ángel Solorio Martínez

Cuatros tropiezos, de altos vuelos lleva el matamorense Carlos García coordinador del grupo parlamentario panista en Tamaulipas –lo que no quiere decir que sean los únicos en su corto paso por el parlamento local-.
El primero, de impactos memorables, fue la Ley Antimeme. El segundo, la Ley Anti-independientes. Tercero: la Ley de Atención a Víctimas y cuarto: la estructura para combatir la corrupción.
De la fobia legislativa contra los Memes, aún quedan rescoldos en una sociedad cuyos agravios apenas tienen paliativo en la sorna y el comentario mordaz en las redes sociales contra quienes considera sus verdugos: las instancias de gobierno y cualquier tipo de autoridad.
De la Ley de Apoyo a las Víctimas, ya ha dado cuenta de sus muchas fragilidades Guillermo Gutiérrez Riestra, emblemático ya por su lucha en favor de familiares de desaparecidos en la región.
El más intenso por su impactos de largo plazo en el imaginario colectivo de los tamaulipecos –se infiere por el daño que ha hecho a la sociedad la deshonestidad de los servidores públicos- será la estructura para combatir la corrupción. Javier Castro, fue el abogado nombrado como el Zar anticorrupción.
Se desconoce la trayectoria del abogado Castro para merecer tal encomienda. Lo que de entrada lo descalifica como ente independiente para el ejercicio de su autoridad es que labora en una oficina de la Procuraduría General de Justicia y opera bajo su férula.
Tales circunstancias, no son lo peor en el entorno que rodea la creación y la labor de ese nuevo aparato burocrático.
En los primeros meses, veremos su inoperancia.
En las primeras semanas, percibiremos lo innecesario y lo oneroso que será para la vida democrática y para la gobernabilidad tamaulipecas: los ex gobernadores, se seguirán paseando impunemente; los ex secretarios de los últimos cuatro gobernadores que han sido felices desgraciándole la vida a los tamaulipecos continuarán ostentando sus monumentales fortunas y muchas de las ex primeras damas que se enriquecieron a la sombra de sus hoy famosísimos maridos, persistirán en continuar con su vida loca y llena de francachelas en el país y en el extranjero.
No se diga el último gobernador. Vive en situación más que desahogada, disfrutando la entrega de su cuerpo a la alternancia y se airea con frecuencia en las redes sociales con una elegancia que sólo mancha el dinero mal habido.
¿Entregará buenas cuentas el licenciado Castro de esos reales pájaros de cuenta?..
¿Y las decenas de alcaldes que se fueron con todo y el hilo, dejando pignorado el futuro de miles de tamaulipecos?..
¿Y los que prohijaron el desastre médico en el Sector salud?..
El licenciado Castro, se ve del todo menor para tal responsabilidad.
A pesar de todo, no tiene la culpa Castro, sino el que lo hizo Fiscal
Sólo se recuerda otra pifia –que podría empatar a las de Chito García- tan mayúscula del Congreso local. Fue en el sexenio de Américo Villarreal Guerra. Este gobernador, intentó instrumentar una Ley de Educación que lastimó la piel de la conservadora sociedad de Tampico y sus alrededores.
Miles de ciudadanos –de Derecha, pero en su legítimo derecho de rechazar la propuesta- salieron a la calle para externar su inconformidad. Los organismos patronales se sumaron a la irritación mediante desplegados y declaraciones a la Prensa de la región.
Villarreal Guerra, sensible, sensato, prudente, echó atrás la Iniciativa de Ley.
Hoy García, –que se siente candidato a la alcaldía del PAN por Matamoros- dejó atrás toda actitud tozuda de sus antecesores: con la Ley Antimeme, la Ley Anti Independientes, la Ley de Atención a Víctimas y los oníricos preceptos para combatir la corrupción, se ha posicionado como el dirigente camaral –ni siquiera Homar Zamorano, que siempre mostró estructuras cognoscitivas débiles, la derramó tanto- como el más errático en la historia del Congreso tamaulipeco…
…y todavía le faltan dos años.