El factor Monreal-Geño

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Tres circunstancias están estimulando las acciones de la clase política tamaulipeca. (Y hablamos de la clase política en general; es decir: de todo el colorido espectro regional: PAN, MORENA y PRI). La cercana libertad del ex gobernador Eugenio Hernández Flores, el evidente posicionamiento de MORENA en la entidad –cuenta con una ventaja de 20 puntos sobre el PAN y 24 puntos sobre el PRI– y el arribo a Tamaulipas de uno de los operadores más eficaces del senador Ricardo Monreal: Alejandro Rojas, signa todo lo que huela a política en la comarca.
Muy pocos percibieron, el parcial triunfo de Eugenio Hernández Flores sobre las instituciones de justicia locales. En tanto estuvo recluido en penales tamaulipecos, estuvo paralizado, sin capacidad de negociar y sin posibilidades de avanzar en su proceso.
Su traslado a un reclusorio lejano de los grupos de presión regionales, le dio un respiro. Pudo acudir a los tribunales federales.
Se dice en los corrillos de la abogacía, que el proceso de Geño tiene tantas inconsistencias que cualquier defensa, puede echarlo abajo. Su cercanía con Monreal está fuera de toda duda. Coincidieron como diputados federales, y como gobernadores en sus respectivos estados. A la vez, ambos formaron parte de la élite priista nacional.
¿Quién se atreve a afirmar que la justicia, está divorciada de la política?
Nunca.
Monreal tiene la vista puesta en la alternancia en Tamaulipas.
Y desde hace muchos meses, ha estado articulando un proyecto para aterrizar la IV Transformación en el estado. (Ingenuo, aquel que piense que los acercamientos mutuos entre MORENA y Geño, son inscritos meramente en la búsqueda de la libertad y la justicia).
El notable amacice de MORENA, ha trastocado las candidaturas del PAN y del PRI. Un indicio de ello, es el titubeo de Arturo Soto de postularse por uno de los distritos de Victoria. Enfrentaría ni más ni menos que a Ricardo Rodríguez Martínez, quien en las últimas semanas ha cohesionado a tantos cuadros políticos relevantes que se ve muy complicado que pueda ser derrotado. (Eliseo Castillo Tejeda –ex dirigente del PRI en Tamaulipas-, el Oso Hinojosa Ochoa –operador magisterial de mil batallas– y lo más eficiente en manejo de campañas del grupo del ex alcalde priista capitalino Oscar Almaraz Smer, y otros, ya trabajan para él).
Al PAN y al PRI se les complica es asunto. Van con escasos pesos pesados. En los 22 precandidatos fuertes del PAN, sólo destaca Gerardo Peña como mastadonte; no hay otro ni otra. En el PRI, los más vigorosos, decidieron ir por diputaciones plurinominales.
En los distritos de mayoría el PRI, va con pura morralla.
La llegada de Alejandro Rojas, le mete mucha intensidad a la disputa. Trae instrucciones precisas de documentar cualquier exceso que se aparte de la ley en la contienda. Le incorpora inteligencia y eficacia a la negociación de MORENA con las fuerzas políticas internas y externas. El ex diputado Renato Molina, no le alcanza para llevar a buen fin la tarea del lopezobradorismo en la región.
Rojas, es de mayor calado. Tiene mayor capacidad de interlocución que Molina. En la coyuntura actual, se requiere un elemento que sume no sólo a los actores de MORENA; también es prudente, incorporar a decenas de personalidades y de corrientes políticas priistas y panistas que están viendo al movimiento como una opción viable.
Todas esas eventualidades, ponen contra las cuerdas al PRI y al PAN en una situación de sopesar con sensatez sus candidaturas y sus estrategias.
¿Qué sigue?
Escurrimientos a nivel fatalidad del PRI.
Cambios de estrategia –incluye precandidatos y candidatos- del PAN.
La libertad –posible o no- de Geño, ya mueve –no se sabe si mucho o poco- sus huestes a favor de MORENA.
El PAN y MORENA, van por todo.