José Ángel Solorio Martínez

El riobravense Edgar Melhem Salinas, hoy diputado federal, va por la Senaduría tamaulipeca. Después de una larga carrera política –la cual no ha estado exenta de sinsabores-, se convirtió en uno de los líderes priistas regionales más sólidos. Su virtud: aparecer lejos de aquellos actores que enlodaron a la mayoría de los políticos tricolores en el estado.
No le tocó el ramalazo de los señalamientos que debilitaron a la mayoría de los cuadros políticos del PRI, cuando el presidente Felipe Calderón decidió embestir a los priistas más relevantes en la entidad y acusarlos –con ciertas certezas y ciertas falsedades- de narcotraficantes y de corruptos.
Muchos de sus adversarios internos, fueron sofocados por esa embestida y la mayoría quedó desecha, inhabilitada en sus liderazgos y en sus expresiones locales. Se fueron al agua, varios socios de Tomas Yarrington como ahora se están yendo los amigos de Eugenio Hernández Flores.
Edgar, sólo vio pasar el ramalazo.
Esa coyuntura, le permitió ampliar su influencia y su presencia en una importantísima microrregión: Río Bravo, Reynosa, Valle Hermoso y San Fernando. Ante el colapso del grupo reynosense de Oscar Luebbert el diputado Melhem Salinas se aprestó –y logró- a ocupar el espacio dejado por el fallido ex candidato a gobernador, y fracasado aspirante a la presidencia del CDE del PRI en Tamaulipas.
En Río Bravo, Valle Hermoso y San Fernando, el riobravense se amacizó ante el derrumbe de los grupos –institucionales- políticos hegemónicos con sede en esos municipios. En su municipio, se afianzó aún más, por el viscoso poder de Diego Guajardo que vive en Mission, Texas, dice gobernar Río Bravo, y teme ser internado en el Penal de Tamatán de ciudad Victoria.
El diputado riobravense, hace unos días dio un extenso informe de su trabajo legislativo.
Es legítima, válida y oportuna esa actividad.
Se inserta en el escenario de la efervescencia por las candidaturas de su partido al Senado.
¿Tiene posibilidades Edgar?..
Evidentemente: sí.
Ahí está, y eso lo pone en el tocadero.
Melhem Salinas, -creo, como su única opción- le apuesta al derrumbamiento –los efectos del Geñazo, todavía no profundizan- de buena parte de la clase política tamaulipeca que está siendo liquidada por sus vínculos con la corrupción desbocada y su lazos con lo más repudiable del sistema político estatal.
Y ese paisaje político, cada día es más real…