Luis Torre Aliyán

Hace ya rato que leí el libro: “Conversaciones conmigo mismo”, de Nelson Mandela, y por tanto, hace tiempo ya que separé como siempre que leo, lo mejor del mismo, sin embargo, siempre que inician los últimos días de diciembre llega un punto en donde, no sé a ustedes, pero a mí me embarga el ánimo reflexivo, y es por eso que hoy, con el afán de abonar algo en agradecimiento y reciprocidad a que durante el año estuvieron pendientes de la #DelAbogadoAmigo, decidí que este espacio fuera distinto y compartir con Ustedes una reflexión derivada de una de mis partes preferidas de dicho libro.

Es el caso, que en tal obra literaria de Mandela, hay un texto que fue extraído de una carta que el líder e ícono africano le escribió a Winnie Mandela, su esposa, desde la cárcel, con fecha de 1 de febrero de 1975; y que me permito compartirles, para cerrar, después, con una breve conclusión.

Así, les transmito tal cual como lo escribió Mandela:

“…La celda es un lugar idóneo para conocerte a ti mismo, para indagar con realismo y asiduidad cómo funciona tu propia mente y tus sentimientos.

Al juzgar nuestra evolución como personas, solemos centrarnos en factores externos como la posición social, la influencia y la popularidad propias, la riqueza y la formación.

Sin duda, esos parámetros son importantes al evaluar el éxito de uno mismo en cuestiones materiales y es perfectamente comprensible que mucha gente se esfuerce especialmente por cumplirlos.

Sin embargo, los factores internos pueden ser aún más cruciales a la hora de evaluar el desarrollo como seres humanos.

La honradez, la sinceridad, la sencillez, la humildad, la generosidad sin esperar nada a cambio, la falta de vanidad, la buena disposición de ayudar al prójimo (cualidades muy al alcance de todo ser) son la base de la vida espiritual de una persona.

La evolución en cuestiones de esa índole es inconcebible sin una introspección seria, sin conocerte a ti mismo, sin ser consciente de tus puntos débiles y de tus errores.

Al menos, aunque sólo sirva para eso, la celda te da la oportunidad de analizar a diario tu conducta, de superar lo malo y de potencializar lo bueno que hay en ti.

No olvidemos nunca que un santo, es un pecador que simplemente sigue esforzándose.”

Hasta aquí lo que, desde su celda, le escribió Mandela a su esposa en aquella carta.

Lo que quiero destacar, estimados lectores, es lo siguiente:

A juicio de Mandela, según sus palabras, la celda resulta ser un lugar idóneo para conocerte a ti mismo… Habla de una introspección seria para poder evolucionar como seres humanos.

Y es que de acuerdo a su tesis, los valores prioritarios son aquellos que, considero, precisamente son los que a veces descuidamos con el andar diario haciendo gala de nuestra imperfección, valores tan básicos pero a la vez tan complejos, como la honradez, la sinceridad, la sencillez, y la humildad… Cosas que, aunque a veces no lo aceptemos, no somos capaces de dimensionar.

¿Y si vamos reflexionando?

Creo que los últimos días de diciembre, año tras año, deben hacer las veces de la celda de Mandela, estos días deben servir para la introspección personal seria.

Les deseo a todos que así sea, y logremos entonces ser mejores personas.

Feliz Navidad a todos. Abrazo fuerte #DelAbogadoAmigo.