La Cuarta Transformación

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Carlos-García. LIBROPOLITICA

Para entender la cuarta transformación de México, es necesario partir de las violentas sucesiones por el poder político tras la salida del último virrey de España, el sevillano Juan O´Donojú en 1821, pues desde entonces, la presidencia de México se convirtió en la joya de la corona que todo caudillo deseaba, por lo tanto, accesar al cargo mencionado, requería, para el interesado, poner en marcha un “plan” sustentado en el apoyo de grupos políticos del país y del extranjero, agrupar adherentes como tropa, armarlos y lanzarse a la guerra.

Prueba de lo anterior, fueron el Plan de Iguala de Iturbide y Guerrero, el Plan de Casa Mata de López de Santa Ana, el Plan de Ayutla de Comonfort, el Plan de la Noria de Porfirio Díaz, el Plan de San Luis de Francisco I. Madero o el Plan de Agua Prieta de Álvaro Obregón, pues todos ellos, tenían como fin último, la destitución del gobierno central en turno por la vía de las armas.

Tras el asesinato del presidente electo Álvaro Obregón en 1928, el sistema político mexicano, encabezado por el General Plutarco Elías Calles se dio a la tarea, aunque de forma arrebatada, a sentar las bases de un modelo electoral enfocado en el relevo pacífico de la primer magistratura y demás cargos de elección popular.

De ahí en adelante -salvo los procesos electorales federales de 1988 y 1994- la sucesión presidencial se desarrolló ordenadamente, manteniendo así, un régimen institucional integrado por camarillas y compadrazgos, el cual, terminó por corromperse, convirtiendo en el camino, a muchos gobernantes locales y caciques en los nuevos ricos de la región, quienes distrajeron parte del erario público en beneficio propio y, en contraparte, en detrimento del pueblo mexicano.

A la par de lo citado, del año 2000 a la fecha, en México creció el problema de la inseguridad, fenómeno generador de índices de violencia no vistos en México desde la revolución, ante dicho escenario, se gestó, desde el centro del país, pero con aval de ciudadanos del interior de la república, una opción política diferente como oposición al régimen del PRI y del PAN, ese movimiento político de izquierda fue y es dirigido por Andrés Manuel López Obrador.

La idea de una cuarta transformación se gestó en la campaña presidencial del 2006, aunque no se le denominó tácitamente de dicha manera, sabemos que, tras la derrota en las urnas de aquel movimiento, su líder y actual presidente de México, se dio a la tarea de continuar recorriendo las plazas públicas del país para escuchar de viva voz las quejas sociales, que al final, terminaron por convertirse en las propuestas de campaña para la elección del 2012.

Una vez que de nuevo se perdió la presidencia en aquel año, Andrés Manuel continuó su campaña, volvió a recorrer de forma permanente la geografía nacional, identificando así, el enojo social provocado por el desvío de recursos públicos de la clase política local y federal, con ello, construyó la bandera de la lucha contra la corrupción y cambio de régimen como base de una cuarta transformación, plataforma política en la que confiaron más de treinta millones de electores como aval de su triunfo en la elección del 2018.

Hoy, la cuarta transformación presenta un gobierno y gobernante austero, alejado de guardias y blindajes, distanciado de toda forma política del viejo presidencialismo, ese que describiera Jorge Carpizo en su obra: “El presidencialismo mexicano”, tal vez, quienes dirigieron el antiguo régimen desestimaron que el pueblo, como víctima de la corrupción gubernamental, un día podía convertirse en el gran elector y aniquilador de sus abusos, será por ello que el politólogo francés Alain Rouquié, quien al ser reconocido esta semana por el Colegio de México con el Premio Daniel Cosío Villegas señalara que: “México es un punto de referencia para entender la democracia y a su vez, la dificultad de la democracia”.

Twitter: @carloskgv