¡Pre-si-dente!
¡Pre-si-dente!
Coreaba una fanaticada de AMLO en la playa Miramar de ciudad Madero, Tamaulipas. Las casi 15 mil gargantas, -funcionarios de Protección Civil maderense contaron 12 mil almas- interrumpían al candidato con un alarido común que surfeaba de ida y vuelta sobre las olas de un mar juguetón y refrescante.
-Vamos a bajar los sueldos del gobierno para aumentar el salario de los maestros, de los soldados, de los marinos…-decía.
Y el monstruo de mil gargantas, ondeando banderas de MORENA, coreaba:
¡Pre-si-dente!
¡Pre-si-dente!
Sabedor del impacto de sus palabras, Andrés Manuel, hacia pausas para dejar al pueblo escucharse, solazarse:
¡Pre-si-dente!
¡Pre-si-dente!
La mafia del poder, no podía faltar.
No podía ser omitida justamente aquí, en la ex urbe petrolera de Tamaulipas:
“Esta refinería, opera sólo al 30 por ciento de su capacidad…”
En seguida, sacó su látigo y flageló la corrupción que ha prohijado la mafia del poder.
“Se han robado mucho”.
Los alaridos, iban y venían sobre la marea de ciudadanos, que disfrutó un día soleado y una tarde de brisas en el rostro. Se habían desplazado desde todos los municipios de la zona conurbada en el sur tamaulipeco. Hora y media antes, miles de ciudadanos del municipio de González, lo habían parado en su trayecto de Mante a Tampico, solo para mostrarle su simpatía. No es peyorativo, comentar que sus correligionarios más que mostrarle simpatía, lo idolatran.
Centenares de adultos mayores, al borde del paroxismo lo tomaban de la mano y pedían a quien fuera, tomar una fotografía de tan memorable acto.
AMLO, se dejaba querer.
Sudoroso, saludaba, abrazaba, besaba a fanáticas emocionadas por su cercanía.
Diez minutos antes de finalizar el acto, lanzó la parte de su discurso más coreada y vitoreada:
-¡Vamos a reactivar la refinería de Madero! En tiempos de Vicente Fox, invirtieron en su modernización 2 mil 400 millones de dólares. Y ha seguido igual. ¡Se robaron ese dinero!..
Otra vez:
¡Pre-si-dente!
¡Pre-si-dente!
En el templete, satisfechos, contentos, la plana mayor de MORENA: Ricardo Monreal, Américo Villarreal, Héctor Garza, Erasmo González, Renato Molina y otros.
Si la llegada fue apoteósica, la salida fue delirante.
Centenares de seguidores, se arremolinaron al lado del vehículo que lo trasladaría al aeropuerto. Tardó media hora en recorrer cien metros de playa. Ancianas, niños, señoras, adolecentes gritaban su nombre y ansiaban tocarlo. Gritos de ¡Presidente!, lo siguieron durante su trayecto a la camioneta que conducía Héctor Garza.
La amlomanía, ni más ni menos.
Se sellaba el pacto de la comunidad conurbada con el proyecto de López Obrador.
El boicot del alcalde de Madero, Andrés Zorrilla, los disolvió con una llamada a la ciudad de México, Ricardo Monreal.
Al final, hasta los agentes de tránsito de Madero, y policías de la Federal de Caminos, se sumaron a AMLO: lo escoltaron hasta el aeropuerto y se tomaron fotos con el candidato y líder de la resistencia anti-neoliberal más sólida en Latinoamérica.
“!Ustedes no, ustedes no!”, decía el comandante de los Tránsitos a sus subalternos para evitar que se adhirieran a la caravana del Peje.
No hicieron caso.
Se pusieron al frente del vehículo de AMLO y abrieron paso para llegar en 5 minutos al aeropuerto.
A las 9.15 de la noche, la esperanza de México, voló a la CDMX.
Más de quinientos seguidores de MORENA, siguieron la fiesta en las arenas de la playa Miramar…