Tony Mendizabal (Twitter @tony_mendizabal) 
Quizás como yo, estoy seguro estimado lector que desconocerá algunas particularidades sobre quiénes y el contexto de la escritura y composición del himno nacional. Cuenta la leyenda que Jaime Nunó era catalán de Pirineo y que Santa Anna lo conoció en Cuba antes de que asumiera la presidencia en 1853, así como que Francisco González Bocanegra era hijo de español, que tuvo que abandonar México después de que entró en vigor la “Ley de expulsión de los españoles” de 1827; quién a su regreso a México y ya instalado en la capital, fue obligado por su novia a escribirla, encerrándolo en una habitación y advirtiéndole que no saldría si no componía el texto (lo hizo en 3 horas). 
Por lo que, a reserva de cualquier contradicción de otra leyenda que no sea esta, no fueron mexicanos pura sangre quienes nos han regalado “mexicanos, al grito de guerra…”; sin embargo, consideró que si pudieron hacer alusión a aquellas victorias mexicanas en batallas y sobre la defensa de la patria. Y aquí, es donde viene la reflexión de esta semana. 
Javier Duarte se fugó de la “justicia” durante 186 días desde que se giró su orden de aprensión hasta que fue detenido en Guatemala. Días que fueron necesarios para conocer como este hombre, entre deudas, desvíos, pasivos y “si merezco abundancia” sumó una cifra de alrededor de 182 mil 895 millones de pesos que tiene en la quiebra al estado de Veracruz de Ignacio de la Llave. Solo por mencionar alguna de ellas, en lo personal, la historia que me pareció más desgarradoras destapada por el actual gobernador de dicho estado, Miguel Ángel Yunes (sin que haya sido comprobada oficialmente), fue que durante la administración de Duarte, a los pacientes con cáncer se les suministraba agua destilada, en vez, del medicamento necesario. Rabia, es la descripción más cercana sobre mi sentir al conocer dicha noticia. 
A quienes estudiamos economía, alguna vez enfrentemos el problema sobre el de determinar cómo hacer susceptible al análisis un tema tan complejo. Para efectos de esta columna, un enfoque podría ser el decir: “la corrupción en México es resultado de nivel de ingreso, del modelo educativo, de los valores que se aprenden en casa, de la indiferencia sobre la gobernabilidad del país, de la pobreza, de Donald Trump, de Peña Nieto e inclusive sobre la televisión abierta ¡maldita Televisa! ¡Maldita TV Azteca!” 
Un segundo enfoque más pragmático y tradicional, siguiendo un razonamiento de que para resolver problemas prácticos, habría que encontrar la manera de simplificar algo complejo, enfocando el análisis en pocas variables, olvidando “las menos importantes” diría que: “la corrupción en México es resultado del Gobierno.” 
Sin tratar de imponer alguna respuesta a esto, yo sólo lo invito mexicano a despertar, no solo es Duarte lo que genera este grito de guerra, es todo el sistema y las 
desafortunadas costumbres y hábitos que envuelven esta sociedad. México necesita mexicanos comprometidos con su país, con su sociedad, con su núcleo familiar, con su persona misma. Radiquemos con el ejemplo, no solo con la crítica y el señalamiento, dejemos atrás multiplicar las “ladys” y los “lords” y apoyando candidaturas sin sentido, dejemos de ser espectadores. Y esperemos, que un par de extranjeros escriban sobre como ganamos estas nuevas batallas y defendimos la patria. 
AM

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