Carlos-García. LIBROPOLITICA

A veinte años de la partida del Premio Nobel mexicano Octavio Paz, vale la pena recordar su magna obra titulada “El laberinto de la soledad” prosa ensayística de 1950, texto en el que nos presentó al México que silenciosamente se oculta en cada ciudadano, el cual, busca en su pasado la filiación básica para sentirse parte del todo, un todo que a la vez es la nada.

Con la pulcritud y elevado razonamiento que caracterizaba al autor, reconoció que en la época de la reforma juarista la consciencia social entró en una triple negación, la primera relacionada al mundo indígena, la segunda al catolicismo y la tercera a la herencia española, lo anterior, fue impuesto desde la esfera del poder político con un sustento jurídico constitucional, por lo tanto, el nuevo híbrido social se apartó de la realidad indigenista, de los principios doctrinarios de Roma y de paso se desvinculó de la herencia española, para entonces, México había parido a los nuevos nietos de la Malinche.

Ubicándonos en la nueva idiosincrasia mexicana, la politización que se vive rumbo a las elecciones presidenciales del 2018 está impregnada de un pasado, ya que somos herederos de la gran Tenochtitlan para rendir tributo al tlatoani, de la conquista española para obedecer al virrey, de la independencia para ser dirigidos por un insurgente, de la reforma para acatar lo que la línea de la norma indique y de la revolución para movernos en la loca revuelta al grito de ¡viva Zapata!, por lo tanto, dicha fusión nos carga de sentido y de razón que a la vez nos hace desvariar en el sinsentido, y así muchos quieren todo y otros ya no quieren nada pues dejaron de creer en las instituciones.

Nuestra nueva triple negación ya no corresponde a las que citó Octavio Paz en su ensayo, ahora tenemos la primera negación que atenta contra el principio maderista de la no-reelección, dejando de lado el ámbito legislativo, lo preocupante radica en el acaparamiento del poder municipal, ahí donde los caciques regionales mutan kafkianamente de presidentes a pequeños señores feudales dueños de la democracia local; la segunda negación se refiere a las candidaturas independientes, pues la figura utópica del neogobernante “bueno” quedó en el fango gracias a la pobre actuación de Jaime Rodríguez “El Bronco” actual gobernador con licencia de Nuevo León y candidato presidencial; finalmente, la tercera negación radica en la credibilidad en las encuestas, misma que se deriva de la extraña actuación de algunas casas encuestadoras que se empeñan en simular posicionamientos de candidatos perdidos.

Lo aquí mencionado solo muestra una mínima realidad del México en el que muy pronto habremos de elegir representantes populares en el nombre de la democracia, esa que lleva sal y limón en las heridas y se sirve con un vaso de tequila para apartarnos de la realidad por un momento, esto es todo por hoy y prefiero concluir citando la pregunta con la que Octavio Paz terminó su libro “¿y con quién comulga México en esta sangrienta fiesta? consigo mismo, con su propio ser”.

Twitter: @karloskgv