La productividad es un concepto económico controvertido y al que se le presta creciente atención. Según los datos de la OECD (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico), el pasado año México ocupaba el último lugar dentro de la clasificación en cuanto a productividad del grupo de los 35 países que conforman dicha organización.
Los niveles de productividad son determinados por el resultado de la razón calculada como el PIB per cápita dividido entre la media de horas trabajadas en el país, es decir, la aportación de cada uno de los trabajadores durante cada una de sus horas de trabajo utilizando datos del FMI y la propia OECD. De esta forma se genera un listado en el que, por orden de mayor a menor productividad, se listan aquellos países más eficientes.
En este listado México ocupa el último puesto entre los 35 miembros de la OECD, muy lejos de las cifras de los puestos de cabeza, básicamente copados por países del norte de Europa. Destaca el desempeño del país que ocupa el primer puesto, Luxemburgo, quien acredita una productividad de más de $68 por persona y hora de trabajo. Esto quiere decir que, de media, cada hora trabajada en el país europeo suponen una aportación de más de 60 dólares al PIB nacional. Las cifras anteriores contrastan con las del colista en el ranking, cuya hora trabajada por sus ciudadanos empleados, apenas si aporta 3 dólares al producto interior bruto nacional. 
En la próxima columna analizaremos más en profundidad las cifras y los motivos por los que esto puede suceder.