En la anterior columna comentábamos a grandes rasgos la situación general del país en cuanto a productividad y, tal y como había adelantado, en esta ocasión analizaremos un poco más en profundidad las cifras y los motivos por los que esto puede suceder.
La razón fundamental en la diferencia de productividad entre un trabajador luxemburgués y un mexicano, puede analizarse de dos formas posibles: la primera es que para hacer lo mismo un trabajador mexicano necesita más tiempo que un trabajador alemán, por ejemplo. O bien el valor agregado del trabajo que realiza un trabajo mexicano es inferior al que realiza un germano.
Si analizamos las cifras saltan a la vista hechos tan curiosos como que en Alemania trabajan, en horas, un 40% menos que en México: en Alemania se trabajan cerca de 26 horas semanales de media, para un total de 1363 horas anuales, frente a las 43 horas semanales de media en México que acumulan un total de 2255 horas anuales. A pesar de trabajar sensiblemente menos su productividad por al finalizar una jornada laboral es 8.5 veces superior a la local. Los datos son mucho peores si nos referimos a alguno de los 5 primeros puestos (Alemania ocupa el puesto 11º en el global), llegando a tener hasta una productividad por hora cercana a 19 veces la mexicana, en el caso de Luxemburgo.
El pobre desempeño del país en términos de productividad puede explicarse, en parte, por el bajo nivel de cualificación del trabajador local. El nivel educativo de la masa laboral está muy por debajo del promedio de la OECD, lo que se ve reflejado en estos resultados. De la misma forma la tecnología cuenta con un papel muy importante, puesto que genera unos mayores rendimientos en la producción pero, para sacar el máximo rendimiento de ésta, debemos contar con personal formado y capacitado para tal fin.
Es en resumen una cuestión de vital importancia para el progreso del país, la inversión en educación y tecnología (por este orden) para reducir y eliminar los gaps de productividad con otros países y mejorarla economía nacional y los estándares de vida de sus ciudadanos puesto que una mejora en la productividad podría redundar en una reducción de la jornada laboral o un incremento en los escasos días de vacaciones legalmente establecidos, comparado con otras economías.

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