¿DERROTAN AL “MONJE NEGRO” DE LA 4T?

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Dicen que el error más grave que pudo haber cometido, el hoy Coordinador de los Super delegados en el país, Gabriel García Hernández, fue ponerse al tu por tu con “Andy” López Beltrán, considerado como uno de los principales operadores del obradorismo en el país.

Cierta o inexacta dicha versión, lo cierto es que en el actual escenario de la elección de la nueva dirigencia nacional de MORENA, este hombre sigiloso que hasta ahora había logrado operar tras bambalinas, con notable éxito, podría resultar el gran perdedor de la contienda interna, por el control del partido color ladrillo.

Hablar de Gabriel García, en el entorno del actual sexenio, no es cosa menor. Fue este personaje de físico redondito y un semblante seráfico, de gafas bonachonas y de apariencia política inofensiva, el que, en 2018 meció la lista de las candidaturas a cargos de elección popular, que hoy tienen al Presidente AMLO, como dueño absoluto del poder, con las dos cámaras del Congreso de la Unión, morenizadas.

La relación del que se considera con toda justicia, el principal eslabón entre el partido y el gobierno obradorista, mantiene una añeja y estrecha relación con el Presidente, desde que gobernaba el entonces Distrito Federal. Sirvió como Director de Adquisiciones, en la poderosa oficialía mayor, punto estratégico, donde se concentraron la totalidad de las operaciones económicas. Gabriel solo le rendía cuentas a su jefe AMLO. Eso todos lo sabemos.

Justamente por esta gran cercanía y probada confianza, inicialmente algunos analistas a nivel nacional, perfilaban a GGH, para operar en el senado de la república, pues estaba sembrado en el lugar 14, y se pensaba que, si los que lo antecedían en el ranking de las pluris, ganaban senadurías de mayoría, llegaría fácilmente a la cámara alta. Pero finalmente no fue así.

Aunque al homónimo del laureado Nobel, autor de “Cien Años de Soledad”, le fue mucho mejor. Su amigo el Presidente lo colocó nada menos que como el Coordinador federal de los super-delegados en el país. De esta manera, sin estar a cargo de una Secretaría de Estado, Gabriel García sumó al power que ya tenía como antiguo Secretario de Organización de MORENA, el control y operación absoluta de los principales programas sociales del Presidente, a lo largo y ancho de la república.

Hasta la llegada al actual proceso de cambio nacional, en el liderazgo partidista de MORENA, García Hernández se significó como el verdadero artífice y dueño del padrón, (poco más de tres millones de militantes), ¿pero entonces, cual fue su error? Tal vez, su pecado fue, tomar partido por una de las contendientes a la dirigencia nacional morenista. Pero sobre todo, tirar linea desde su cargo como Coordinador de Super delegados, y utilizar su puesto para incidir en los resultados de la elección interna.

Algo ocurrió en este tramo político, cuando empezamos a darnos cuenta que el rumbo que Gabriel le quería dar a la aeronave MORENA; no era el mismo que concebía su jefe, el Presidente de la república. O sea, mientras que AMLO repetía, ( y sigue enfatizando), que no se permitirá que funcionarios de su gobierno metan las manos en el partido, desde la Coordinación nacional de Delegaciones, se hace todo lo contrario.

A tal grado llegó la lucha interna que Gabriel García sostiene con sus adversarios, especialmente con Mario Delgado, la llave maestra, con la que Marcelo Ebrard, piensa hacer camino, en su andar rumbo al 2024, que este miércoles, se llevó un severo moquete, en la nota principal del diario “Crónica”. El zape fue despiadado y sin miramientos, tal vez para que don Gabriel entienda de una vez por todas, que no se puede navegar contra la corriente..y sobre todo, si dicho caudal de agua morenista, pareciera surgir del primer despacho en Palacio Nacional.

“Mano Negra del Coordinador de AMLO, acusan en MORENA”, titulaba este que es considerado entre los principales rotativos en el país, pero especialmente en la CDMX. Pero..no nos quedemos solo en la cabeza, y vayamos al primer párrafo:

Después de las primeras lineas, donde se hace mención al Coordinador General de Programas para el Desarrollo de la administración Lopezobradorista, y a su presunta participación, tras las denuncias formuladas por la Secretaría de la Función Pública, encontramos algo que reproducimos textual, y que no tiene desperdicio:

“De él, se conoce su facilidad para la acción electoral, y el manejo de recursos financieros, para proyectos políticos. Voces en su contra, señalan que es el eje de la injerencia, en el proceso de renovación de la presidencia morenista”.

Más duro y a la cabeza, no pueden ir, quienes, desde el mismo seno del obradorismo, están balconeando, ya de una manera directa y contundente, la operación del más alto nivel, en la democracia interna de MORENA, por parte del llamado “Monje Negro”, de la 4T.

Lo del mote del “Monje Negro” que le han puesto a Gabriel García, parece tener su origen en el cuento escrito por el genial Anton Chejov, a finales del siglo XIX.

De acuerdo a la trama de la narración, el Monje Negro es producto de la alucinación de un profesor de psicología, a quien le han contado sobre dicha aparición: el citado Monje, a quien se decribe como un espectro negro y elevado, que flota y se mueve como un ciclón, se le aparece al asustado psicólogo, y le habla con las siguientes palabras:

“La leyenda, el espejismo y yo, somos todos producidos por tu propia fantasía excitada”.

La semejanza de Gabriel García con este personaje de ficción, que infunde miedo, no sería lo más acertado, si, como en un inicio describimos al Coordinador de Super Delegados, se trata de un buenazo, que proyecta amabilidad.

Pero lo cierto es que Gabriel García ya es dueño de una leyenda que no le favorece mucho. Es el operador que de tanto moverse entre las sombras, y de habitar solo en la imaginación, como el personaje de Chejov, sus presuntos errores han terminado por ponerlo en el centro de los reflectores.

Ya no es solo un espectro de la operación política de AMLO. La vorágine de la lucha por el poder, lo ha arrastrado hasta el centro del ring morenista.

Será su jefe AMLO, el que decide si lo rescata, o si permite que, su estimado Gabriel, pague las consecuencias de haber despertado a las fieras del circo romano, en que está convertido MORENA.