Margarita Zavala.

30 de abril de 2018.- Nunca se dirá ni se escribirá lo suficiente para condenar con toda la fuerza y expresar el dolor de la sociedad ante el cobarde y brutal asesinato de Javier, Marco y Jesús Daniel; los tres estudiantes de cine perdieron la vida a manos de un grupo criminal. De confirmarse los hechos, sólo me hacen comprobar que lo que México necesita es mayor presencia del Estado a la par de un fortalecimiento del tejido social.

Más presencia del Estado significa una autoridad que esté ahí para evitar el crecimiento de los grupos criminales como el que asesinó cobardemente a estos tres jóvenes. De haber existido esa presencia, estas bandas no podrían operar impunemente ni montar operativos de secuestro como el que realizaron. Si hubiera existido una verdadera estrategia de seguridad a nivel federal en este sexenio, es muy probable que se hubiera seguido la tendencia que se observaba de disminución de la violencia, los grupos delincuenciales
iban en repliegue y el Estado avanzaba. Pero después de cinco años de avance de la delincuencia y repliegue del Estado, no debe sorprendernos que los criminales puedan estar secuestrando y desapareciendo personas en el territorio. El Estado se retira, el crimen avanza.

Más presencia del Estado significa también una autoridad que investigue todas las desapariciones con prontitud y efectividad. Según reportes de los medios; la Fiscalía de Jalisco encontró evidencias de que más personas habían sido víctimas de asesinatos en el mismo lugar que los tres estudiantes. Si se hubiera actuado rápidamente, quizás ya se hubieran salvado vidas y ahorrado el dolor de muchas familias.

Más presencia del Estado significa un verdadero sistema de justicia que dé respuesta a las demandas de la sociedad para que haya castigo al culpable y protección amplia e integral a la víctima. Todos estamos en riesgo cada vez que un culpable no es perseguido, cada vez que la corrupción hace que la víctima no reciba una respuesta cuando va a denunciar una extorsión, todos estamos en riesgo de sufrir a manos de la delincuencia.

Más presencia del Estado significa también acompañar a las víctimas en el derecho a la verdad, a la memoria y a la reparación. Significa una política integral de prevención que con visión de largo plazo ayude a pacificar a nuestro país. Porque la paz significa la creación de condiciones para el desarrollo y bienestar que incluye educación, salud y servicios públicos eficaces.

Sostengo que lo que México necesita es más presencia del Estado. Y a pesar de las contorsiones argumentativas que muchos están haciendo para endulzar la píldora venenosa de la amnistía que propone López Obrador, no tengo duda de que esa sería un suicidio de las instituciones y una claudicación cobarde que los mexicanos no podemos permitir. Necesitamos un Estado presente, depurado de la corrupción, fortalecido en capacidades y tecnología que defienda a la sociedad. Un Estado dirigido por un gobierno valiente que tenga la voluntad de prevenir y castigar el delito. Un Estado que imparta justicia, siempre justicia y para todos, justicia.

El Estado es lo único que separa a la civilización de la barbarie y no podemos dejar que por filias y fobias políticas e ideológicas se nos quiera hacer creer que retirar al Estado es la solución a la violencia del país. La memoria de las víctimas, el dolor de las familias y su derecho a la justicia se merecen una respuesta digna y a la altura de lo que un país como México demanda.

POR CIERTO. Llevamos varias semanas en que se informa con frecuencia de la muerte de este o aquel sacerdote. Los medios registran el suceso, pero no con la amplitud, detalle y seguimiento que dedican a otros grupos de víctimas del crimen organizado. En ocasiones, como en otros casos, hasta se les quita la fama una vez muertos. Una doble muerte: física y social. Las dos injustas. México es plural: cristianos, ateos, budistas, islamistas, etcétera, deberían no sólo practicar libremente su credo, sino defenderlo a partir del mismo respeto que todos nos debemos. La pluralidad y la diversidad sólo conviven a partir del respeto. Y el primer derecho es el derecho a la vida de quien sea.