Bartolomé Bermejo

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José Guadalupe Rocha Esparza

Sucedió en el Museo del Prado. Turistas chinos conocieron la pintura religiosa, macabra y terrorífica del pintor gótico español Bartolomé Bermejo, 1440-1498. En la penumbra de la sala contemplaron los cuadros de mártires descuartizados, Cristos crucificados, espaldas azotadas por los sayones, sepulcros abiertos y muertos vivientes con las carnes tumefactas.

Para escarmiento de los fieles, Bermejo pintó calaveras y arcángeles vengadores que hundían su espada en las vísceras de las víctimas. Una niña china preguntó por qué crucificaban, acuchillaban y azotaban a esos señores. La respuesta del traductor fue la siguiente: “Los sometían a toda clase de tormentos porque eran santos muy buenos y se portaban bien”.

La ruda explicación hizo saber a los chinos que en nuestra cultura cristiana te expones a que te crucifiquen si eres bueno o decente. “¿Y si te portas mal?”, insistió la niña. “Entonces, te dejan tranquilo”. Los chinos, que tienen sonrisas de agrado, desprecio, reproche, odio, felicidad y admiración, sus ojos rasgados se volvieron redondos a causa del espanto por la réplica.