Brindis zarista

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osé Guadalupe Rocha Esparza

Cuando un político dirige un elogio a un subordinado, siempre queda la duda de si le ha comunicado el cese o un ascenso. La gestualidad política recuerda mucho al llamado “brindis zarista”. Cuando el zar levantaba una copa de vino para brindar por un consejero, era un excelente presagio y el agraciado correspondía y sonreía entre aplausos de realismo mágico.

En cambio, si el zar levantaba la copa con agua, se hacía el silencio, y el consejero salía del salón y, en el exterior, se oía un disparo. Con ello, el zar dejaba de rumiar y masticaba un poco de autoridad, tal y como en tiempos de aquellos emperadores que ofrecían a los dioses su sacrificio. Ahora se supone que, en una democracia, el sacrificio es una ofrenda al pueblo.

En la vida cotidiana, las formalidades son útiles para detectar la calidad del hipócrita o del consecuente y la habilidad de algunos para la descortesía o de la consideración. Hay tartufos en dar la mano sin dar la mano y empáticos que dan la mano y miran a la cara. Al brindar, trasmutemos el agua en cerveza, vino tinto, brandy, ron, tequila, vodka o whisky. ¡Y salud!