Dos fuentes.

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José Guadalupe Rocha Esparza

8:46:30 y 9:02:59 fueron las horas exactas de aquel martes 11 de septiembre de 2001 en que aviones comerciales utilizados como armamento suicida fueron estrellados en las Torres Gemelas de Nueva York, de 110 pisos cada una, como ataque terrorista de la red yihadista Al Qaeda, mismas que quedaron reducidas a astillas, entre nubes de ceniza.

9/11, 11/9, 11S u 11-S nos recuerda que hace diecinueve años 2 mil 977 personas, seres humanos de 65 países, incluidos estadounidenses y latinoamericanos, fueron erradicados de golpe aquella mañana en el barrio de Manhattan, más 6 mil heridos y tantos más eternamente desaparecidos entre las ruinas humeantes y moles desplomadas de la llamada Zona Cero.

Ahora, dos fuentes cubren la huella como “atracción turística”; dos albercas dan sentido y sentimiento con los nombres completos de todas las víctimas de la tragedia en letras de bronce como letanía onomástica, identidad de manera rotunda y escueta, estela fúnebre, eco de almas sollozantes, las de los vivos y las de los muertos, hoy recordados en tiempos de pandemia.