El PRI de Yalheel Abdalá

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Yalheel Abdalá Carmona, es parte de esa podrida clase política que debe decir adiós al sujeto que le dio todo el amor y todo el dinero: el PRI. Ya cumplió con sus tareas: convertir en una piltrafa a su partido; dejar con los rostros del desaliento y la derrota a la militancia buena del tricolor; heredar humillantes derrotas electorales, a candidatos y a ciudadanos que honestamente piensan en ese partido como trinchera de activismo y de la búsqueda de espacios para gobierno; dejar en la chilla, a esa agrupación que hoy está en quiebra –primero porque el financiamiento público pasó a ser una bicoca por la precaria cosecha de votos; las prerrogativas públicas están en función al número de votos obtenidos en la última elección–; inhibir la emergencia de nuevos liderazgos en la región –lo poco bueno de esa organización política, han sido soslayados por su decisión y voluntad y lo peor: va a entregar un partido pobremente armado para la competencia del 2021 y del grandioso 2022.
Más estropicios, no se puede.
Más tristeza y depresión tricolor, ya no hay.
Para su malísima suerte, su principal promotor y fan –Carlos Romero Deschamps– anda en las últimas de su delincuencial carrera político-sindical.
Ella no parece estresarse.
Y sigue en lo suyo: mantener en su mano el tesoro público del PRI, persistir en no dejar la dirigencia –había anunciado su Secretario General, José Benítez que se iba en septiembre para dejar el paso al nuevo dirigente– y para cerrar con broche de oro –para su cosecha, claro– opera de facto como Coordinadora de la menguada fracción parlamentaria del PRI en el Congreso tamaulipeco.
(Lo que se sabe, es que la CNC nacional está pujando fuerte para que el Coordinador sea Florentino Sáenz Cobos. Pero la damita, se niega a dejar las prerrogativas que todo líder de bancada tiene).
El PRI en tanto, sigue agriándose; va en picada y la chica ni un asomo de agobio.
Ante ese panorama, que en mucho ha sido delineado y cincelado por las conductas ventajistas de la legisladora Abdalá Carmona, el institucional corre el riesgo de convertirse en un partido testimonial de cuarta –el PT lo puede desplazar del modesto tercer sitio que ahora exhibe–: destinado, a disputar sólo regidores y diputados plurinominales.
Justo como ahora.
Lo único que con seguridad incrementará el liderazgo de Yalheel, serán la pena y la vergüenza de lo más digno de la membresía priista.