La impuntualidad

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José Guadalupe Rocha Esparza

La impuntualidad habla mal de nosotros. No es buena compañera en lo personal, menos en lo profesional. Quien espera, desespera. Somos poco benévolos con los impuntuales, más por la sensación de pérdida de tiempo que porque el otro llegue tarde. También existen quienes en exceso llegan en punto. En Japón, el tiempo es oro y quien lo pierde, pierde el tesoro.

La puntualidad no es un rasgo de la personalidad, sino un buen hábito que forma parte del orden. Es una filosofía de vida. Todos los que deseen llegar a su hora pueden conseguirlo. Las personas impuntuales tienen un amplio catálogo de excusas, incluso falta de motivación o baja autoestima e incluso desaprobación o provocación hacia quien convoca. “Friega quedito”

Un impuntual redomado no debe ser esperado a una reunión, clase o cena por respeto a los puntuales. Se aconseja detectar en qué se pierde tiempo, organizarse, calcular tiempos y movimientos, llevar reloj de muñeca, llegar 10 minutos antes a cualquier cita y aprender a decir no, especialmente las personas solícitas y serviciales. La puntualidad inicia con la planificación.