Letrado presidente

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José Guadalupe Rocha Esparza

Muchos jefes de Estado han querido ser, al mismo tiempo, hombres de letras, es decir, continuar la tradición del rey filósofo, un presidente escritor o intelectual al frente de la nación. Pocos destacan tanto en esta mezcla como el presidente de la República entre 1981 y 1995, figura central en la política desde los cincuenta hasta los noventa, lector y bibliófilo cultivado.

François Mitterrand, mandatario francés, dejó una amplia biblioteca con más de mil obras literarias, manuscritos, apuntes. Guardaba todo. Lo organizó todo. Cliente fiel de las librerías del Barrio Latino de París y amigo de escritores. Acostumbraba a poner una pequeña hoja dentro de cada libro en la que anotaba autor, título, precio, librería y fecha de adquisición.

Mitterrand no se censura. Su identidad es múltiple. Hombre público de izquierdas e intelectual privado de derechas. Mucha novela. Poca poesía. Toda su colección encuadernada, lector de García Márquez, a quien se refirió como un “hombre sólido, cuadrado, risa y silencio”, Milan Kundera, Ernst Jünger y Albert Camus entre otros. Siempre con su pluma Waterman.