Recitales públicos

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José Guadalupe Rocha Esparza

Las novelas de Charles Dickens se publicaban por entregas semanales en los periódicos de la época que los lectores seguían ávidamente, aunque fuesen analfabetos, pues reunían una coperacha en el barrio para compensar a un boticario o médico que les leyera en voz alta los episodios semanales de unas historias que hablaban de ellos y de sus vidas.

Y no solo eso: dedicó una parte importante de su vida a ofrecer recitales públicos, dirigiéndose a una audiencia devota y multitudinaria, tanto en Inglaterra como en los Estados Unidos, entregándose a un esfuerzo físico extraordinario. Ofrecía recitales de 2 horas de duración, él solo en escena, aliviándose con una copa de champán y docena de ostras en entreactos.

Es el ejemplo admirable del autor entregado a su obra y a su público: sencillamente, no podía dejar de atenderlos, no podía dejar de escribir y no podía ni quería alejarse de toda lucha en pro de la difusión de la cultura y de la educación de las personas. Ese desgaste minó su salud y murió de apoplejía a los 58 años, entregado hasta el fin a la causa de la escritura.