Décadas de abuso y violencia doméstica la llevaron a calificar para la Visa U

29 de junio del 2018.

Con escasos 12 años de edad, Gloria Nieto decidió huir de su hogar para casarse con un hombre 20 años mayor que ella en su natal Honduras.

Nieto recuerda que no estaba enamorada de él, pero mas bien cansada de los abusos en su casa y salió en busca de un refugio.

Sin embargo, los próximos 11 años de matrimonio – más cinco hijos que tuvo con su esposo – no ayudaron a mejorar la relación. Los golpes eran constantes en el hogar y en la calle era peor.

“Yo vendía frutas en un canasta pero ya iniciaban las maras en Honduras y siempre me robaban el queso, la crema o la leche para mis niños… Yo corría tras ellos, pero no los podía alcanzar”, recordó.

A sus 23 años, cansada de los constantes robos en el trabajo y amenazas de muerte de su esposo, quien para entonces ya era alcohólico, Gloria decidió huir al norte a escondidas.

“Dejé a mis niños con mi madre y decidí irme a Estados Unidos”, dijo Nieto.

En su viaje por México fue capturada por coyotes que le robaron su dinero y otros que la violaron en repetidas ocasiones. Una vez en Estados Unidos los coyotes que la ayudaron a cruzar la tuvieron cautiva por dos meses.

“El familiar que tenía aquí no quería pagarles y ellos ya me iban a regresar a México”, contó Nieto. “Entonces cuando íbamos en el carro yo me aventé y así es como escapé de ellos. Después buscando, encontré un refugio donde me ayudaron”.

Tras un tiempo, Nieto consiguió un empleo y su vida empezó a estabilizarse.

Es abusada de nuevo
En el 2002 conoció a un hombre salvadoreño, quien le ofrecía amor y compañía. Poco imaginaba que este sería su próximo verdugo.

“Salí embarazada y él me pegaba. Una vez me enterró el desarmador en el estómago. Yo me alejaba de él pero después regresaba con él y de nuevo a lo mismo”, dijo Nieto

Poco después de que su hijo nació, ella salió embarazada de nuevo pero los constantes golpes no cesaron.

“Una vez él me aventó a una mesa y me pegué tan fuerte en el estómago que solo recuerdo que me dio mucho sueño. Llegaron los paramédicos y yo no me podía despertar”, relata.

Los paramédicos le dijeron que los gemelos que llevaba en su vientre habían fallecido. Mientras ella sufría la pérdida de sus hijos, su pareja ignoraba lo sucedido. A los pocos días la volvió a golpear tan fuerte que casi le sacó un ojo, recordó.

“Pero ese día yo le tuve mucho miedo a la policía”, recordó Nieto. “Porque ellos me vieron como estaba de ensangrentada y aun así me quitaron mi carro, me dieron una multa y me llevaron de nuevo con él, porque él es quien los había llamado. No les importó como me veía yo”.

Al poco tiempo decidió alejarse permanentemente de esa vida junto a su niño, quien entonces tenía 2 años.

Mas tarde conoció a un guatemalteco sin vicios y quien aparentaba ser un buen hombre.

“Él me buscaba todo el tiempo y yo pensé que era bueno. Y como yo no estaba bien con los que estaba viviendo decidí irme a vivir con él”, contó.

Volvió a quedar embarazada y lo que al inicio parecía ser una celebración de dos, con el tiempo se convirtió en una nueva tragedia.

“A los ocho meses me dijeron que mi hijo venía con síndrome de Down y me lo querían sacar, pero yo les dije que no”, dijo Nieto.

Cuando el bebé nació no tenía síndrome de Down, pero sí tenía una condición que los padres desconocían. Nieto lo llevaba a una clínica en el área del Parque MacArthur pero no le daban un diagnóstico certero.

Cuando el niño ya tenía 3 años fue diagnosticado con autismo severo en el Hospital de Niños de Los Ángeles (CHLA).

“Entonces su padre sintió vergüenza por él. Me golpeó bien fuerte que otra vez casi me saca el ojo y yo llamé a la policía y escondí a mis hijos con una señora”, relata Nieto. “La policía llegó bien tarde y me esposaron a mi porque no les decía dónde estaban mis hijos. Tampoco les importó cómo estaba yo de salud”.

Una luz al final del túnel
Poco después Nieto puso una orden de alejamiento en contra de esta nueva pareja e intentó comenzar su vida sola con sus dos hijos. Pero su vida se complicó aun más.

“Él [niño] toma siete medicamentos y no puede funcionar por sí solo. Es bastante agresivo”, explica sobre el chico.

Fue entonces que una amiga quien conocía la historia de Nieto le recomendó solicitar la Visa U.

Esta visa se ofrece a las víctimas que sufren violencia dentro de Estados Unidos y ayudan a las autoridades a capturar a sus verdugos.

Entre algunos casos que califican para esta visa se encuentra: el contacto sexual abusivo, chantaje, extorsión, encarcelamiento ilegal, mutilación genital femenina y asalto criminal, explica el Departamento de Servicios de Inmigración y Ciudadanía de Estados Unidos (USCIS).

Nieto dijo que tuvo mucho miedo de solicitar la visa por la posibilidad que se la negaron. Por muchos años había tenido el Estatus de Protección Temporal (TPS), pero este dejó de ser certero para los centroamericanos desde que Trump canceló sus renovaciones el año pasado.

“Uno piensa qué le va a pasar a la familia, a los niños si a uno lo deportan”, pensaba en aquel momento Nieto.

No obstante, en la oficina de la abogada de inmigración Alma Rosa Nieto le dijeron que su caso era válido para solicitar la Visa U.

La abogada dijo que siempre es importante asesorarse con uno o dos abogados de inmigración para saber si tienes un caso que pueda hacerte candidato/a de la Visa U.

“No va a haber repercusiones y permite que un abogado evalue si tiene caso o no”, dijo la abogada.

No obstante, solicitar una Visa U puede ser difícil para el solicitante, dijo la abogada Nieto. “Hicimos que [Gloria] recordara todo lo que ha pasado y eso es muy difícil para ella”.

Afortunadamente su caso fue aprobado.

Celebración agridulce
Han pasado tres años desde que Gloria solicitó su Visa U y el año pasado recibió su permiso de trabajo. No obstante, pese a estar contenta por tener un estatus legal para ayudar a sus hijos, la mujer dijo que su reacción fue triste.

“Empecé a recordar todo lo que he pasado y aunque mis amigas me decían que me alegrara, yo no sabía de que alegrarme… Me bloquee”, relata Nieto, quien trabaja cuidando a su hijo y a otra persona con discapacidades.

“En el 2020 ya podré solicitar la residencia”, detalla.

La abogada Nieto recomienda que las personas que han experimentado violencia doméstica aparte de solicitar un estatus migratorio en el país tambien obtengan ayuda terapéutica.

“Esto ayuda tambien a los hijos de la persona abusada para que no se conviertan en abusadores cuando sean mayores de edad”, dijo la abogada.