Los abortos de la nueva clase política tamaulipeca.

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La última semana, de noviembre resultó desesperanzadora, para quienes esperamos la emergencia de una nueva clase política regional, desvinculada de las conductas negras que caracterizaron nuestro sistema político neoliberal de huarache. Eugenio Hernández, Tomás Yarrington y Egidio Torre Cantú, dieron inicio a la descomposición de las tareas del servicio público y torcieron toda ética y moral políticas.
Obvio: los jóvenes siempre, son la apuesta por un futuro mejor.
Al parecer, habrá que esperar un poco más.
En Ciudad Victoria, dos regidores del partido Movimiento Ciudadano, luego de oponerse a la aprobación del presupuesto para ciudad Victoria, y en franca oposición al alcalde Xico González, decidieron de última hora cambiar de opinión y dieron su mano a torcer aceptando la millonada para el disfrute del jefe edilicio y su familia.
¿Qué hizo cambiar en cuestión de minutos la orientación del voto de esos jóvenes del MC?
¿Canje político? Imposible. No se vislumbra, en el escenario ningún evento para ese cambio de moneda.
¿Dinero? Es lo más posible. Tan súbito viraje, sólo puede explicarse por la compra de conciencias.
¿O se podría hacer otra conjetura más explicativa de tan deleznable conducta?
No. Tan súbito y diametral vuelco en la decisión de los regidores sólo puede llevar al sospechosismo.
Daniel González y Gerardo Valdés, son los jovenazos que decidieron cambiar ética por billetes. ¿Puede pensarse, que ellos sean el fermento de una clase política con una ética diferente a la que han enseñado sus antecesores?
No se ve con qué.
El PAN también se ha sumado a ese agriamiento de sus cuadros nuevos. El recién llegado dirigente estatal Cachorro Cantú, anda como chivo en cristalería. Su discurso, facineroso, afrentoso y soberbio, se asemeja más bien al viejo estilo de Yarrington, de Egidio y de Geño y no a la retórica de un dirigente oxigenado y oxigenante para las filas de un panismo a la baja en el ánimo de los electores tamaulipecos.
(Del PRI ni hablar. La putrefacción de los últimos tres gobernadores priistas, apestó a varias generaciones. Hoy lo menos que se puede decir, es que “todo está podrido en Dinamarca”).
MORENA también tiene lo suyo. Dos chavales inquietos, que despuntaban para ocupar espacios relevantes en el lopezobradorismo tamaulipeco se desinflaron. Yordi Bazaldúa y Ramón Portes, son la pareja morenista que cayó en la tentación del recurso fácil.
Tanto Bazaldúa –altamirense–, como Portes –tampiqueño– fueron detectados por los representantes del Senador Ricardo Monreal de traficar con su persona. En efecto: ambos, vendían supuestos favores del líder del Senado a tamaulipecos bien intencionados. (Hay más involucrados en ese mismo negocio, pero el tema aquí es de jóvenes).
Penosos y dolorosos casos.
Ver el aborto partidista que tenemos enfrente, arrastra –aparte de la pena y el dolor– tristeza y desaliento.
La sociedad tamaulipeca, merece mejores y renovadas ofertas políticas.