
Una de las historias más longevas de rivalidad deportiva en nuestro país son los partidos de futbol entre Atlas y Guadalajara, ambos del estado de Jalisco. La picardía o la burla después de ganar o perder se refrota entre los aficionados, incluso llegar al irascible fanatismo de actos vandálicos, agresiones, insultos en las tribunas e irreconciliables diferencias humanas.
El 24 de abril de 1955, el Guadalajara ganaba el juego a los 16 minutos del segundo tiempo ante los incrédulos rojinegros del Atlas por marcador de 5 a cero. De pronto, el arquero Jaime David “Tubo” Gómez Munguía sacó de la chistera un buen libro, bostezó, se recargó en un poste de la portería y tuvo tiempo de mostrar a los diletantes la importancia de la buena lectura.
Desde las gradas, los simpatizantes del Atlas vociferaban su irreverencia, atenido a la ejemplar defensa de las Chivas Rayadas que no dejaban pasar nada. El árbitro jamás amonestó al “Tubo” Gómez al mostrar su placer por la literatura, convirtiéndose en un ícono en la era del Campeonísimo y digno representante de México en los mundiales de futbol de 1958 y 1962.
